Mitos vs Datos

Carlos Heller

El Gobierno anunció su intención de gravar las rentas inesperadas que están obteniendo diversos sectores. Desde el establishment se salió a responder con los argumentos de siempre: que no hay lugar para más subas de impuestos (“somos el país con mayor presión impositiva del mundo”) y que lo que hay que hacer es reducir la presión fiscal para que haya inversiones.
Lo que en realidad ahoga a una economía es el achicamiento del empleo, del poder de compra y del mercado interno, tal como ocurrió durante el gobierno de Macri, a pesar de las rebajas o la eliminación de ciertas alícuotas impositivas. En cambio, con la actual presión impositiva, en 2021 la inversión real, que fue creciendo trimestre a trimestre, superó en un 15,7% a la de 2019. La crítica desde las usinas neoliberales a la presión o carga fiscal, medida como porcentaje de la recaudación en el PIB, está indicando implícitamente que los impuestos deben reducirse a una mínima expresión, siguiendo la línea del Estado canchero y la búsqueda de la maximización de la gran ganancia empresarial.
La noción del “ahogo” fiscal se puede refutar a partir de los datos de la OCDE. Si se toma el promedio (2018-2020) de los ingresos fiscales como proporción del PIB, Argentina llega al 28,7%, por encima de la región (22,4%), pero menor al del club de los países de la OCDE (33,5%), y mucho más bajo que en Francia (45,4%) e Italia (42,4%). Lejos de la mentada “asfixia”. Además, al compararlo con otros países de la región, el indicador en Argentina está por debajo de Brasil (32,2%) y muy cerca de Uruguay (26,7%), país que es considerado por el establishment y sus analistas como un “paraíso” fiscal, en el que se pagan muy pocos impuestos.
Resulta esencial dar respuesta a los razonamientos falsos con que tratan de rechazar una iniciativa que apunta a captar beneficios extraordinarios y no previstos (producto de una guerra) para minimizar algunos de los impactos más evidentes, como es la suba del precio de los alimentos. Por ejemplo, Italia eleva hasta el 25% el impuesto sobre los beneficios caídos del cielo de las energéticas.
El proyecto argentino impactaría en menos del 1% de las empresas más grandes. No obstante, desde las oposiciones neoliberales hablan de “impuestazo” e intentan marcar la agenda para que no se avance hacia una fiscalidad más progresiva y hacia una sociedad más justa y equitativa.

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