Dos jóvenes arrastran un caballo en su scooter por las callecitas de Palermo, Sicilia. El animal lleva una máscara porque va a correr en una carrera en una ruta cercana, pero poco transitada. En Palermo hay una serie de caballos que supuestamente son utilizados para atracciones turísticas, mientras que la realidad es que hay un negocio millonario de apuestas en carreras ilegales sobre asfalto. Las carreras y la posesión de caballos siguen siendo un instrumento para reivindicar el estatus y el poder en Italia. Allí, muchos capos mafiosos han crecido en una cultura en la que el pura sangre y el semental simbolizan el poder del líder. Así, todos los domingos, a primera hora de la mañana, competidores provenientes de toda Sicilia se presenta en la línea de salida. El vencedor puede adjudicarse un botín, que en la carrera más importante, suele alcanzar los 30.000 euros (unos 32.000 dólares).









