Un niño “betunero”, como se los conoce en Ecuador, saca brillo a los zapatos de una mujer en una calle de Quito. El de lustrador es un oficio que se mantiene vivo en América Latina, aunque está en franca declinación desde los años 70 debido a la irrupción masiva de las zapatillas y de otros calzados. No obstante, los betuneros de Quito están organizados gremialmente, cuentan con permisos municipales y pagan patentes y regalías anuales para trabajar en sus puestos. Algunos puntos estratégicos son muy demandados, como el Centro Histórico, donde pueden conversar con algún político que requiere de sus servicios, o mirar las personalidades que entran y salen del Palacio de Carondelet, la sede del Gobierno y residencia oficial del presidente de la República. Estar cerca del poder tiene sus ventajas, pero también sus contra: las protestas y manifestaciones frecuentes los obligan a guardar sus cosas y correr a un lugar seguro.









