Por Carlos Heller
Dado que la teoría del derrame no ha funcionado nunca, y es algo que incluso volvió a repetir Joe Biden en la Cumbre de las Américas, hay que “forzar” para que se repartan los frutos del crecimiento. Más aún en un contexto crítico en el cual, según la OCDE, “la crisis del costo de la vida provocará penurias y riesgos de hambruna” en el mundo. Argentina está dando cuenta de ese derrame que no se da, ya que los indicadores de la economía real continúan mejorando, pero en general los indicadores de ingreso van tratando de recuperar lo que se pierde con la inflación, gracias a las políticas del gobierno. Según el Indec, la actividad industrial creció un 4,7% interanual en abril, continuando con el crecimiento registrado en meses anteriores. De esta forma, se encuentra en niveles similares a los de marzo de 2018. Por su parte, la actividad de la construcción mostró un crecimiento del 8,8% interanual en abril. A su vez, la cantidad de puestos de trabajo en el sector encuentra el mayor nivel de los últimos 30 meses. En esta última semana el Banco Mundial y la OCDE corrigieron hacia arriba la expectativa de crecimiento del producto bruto de la Argentina. El Banco Mundial lo llevo a 4,5%, cuando en abril habían calculado 3,6%. La OCDE lo incrementó al 3,6%, 1,1 puntos más que la estimación de diciembre pasado. En la Argentina, en el medio de esta crisis global, está aumentando la actividad económica, la inversión, el empleo; están creciendo los ingresos impositivos, y también el gasto público, que va a los sectores que están más necesitados del apoyo del Estado. Pero nada parece alcanzar.
En todo análisis hay que tener en cuenta la cuestión de la puja distributiva, históricamente presente en nuestro país. Es como una soga de la que por un extremo tira el Estado, que brega por mantener el poder adquisitivo, y por el otro tiran los grupos económicos que utilizan su poder de mercado para apropiarse de la parte más grande de “la torta”. Aún queda mucho por hacer, especialmente en materia de reducción de la inflación y su impacto en la regresividad sobre la distribución del ingreso. Es allí donde el Estado debe lidiar con los grandes poderes económicos concentrados, que se resisten a resignar sus privilegios y perjudican a la mayor parte de la ciudadanía.










