Adictos e impacientes

Arturo Brooks

Netflix ha sabido jugar con nuestra impaciencia para romper los moldes del mercado audiovisual. Así ha asentado su modelo de negocio de éxito conquistando a una audiencia que lo quiere todo ahora y ya. Queremos poder ver todos los capítulos de las series de golpe. Aunque no tengamos ni tiempo para digerir las emociones que provocan. La temporada de tal ficción se estrena un viernes y los ávidos espectadores corren a devorarla. Muchos se ven todos los capítulos en maratón el mismo viernes o a lo largo del fin de semana. Algunos, como demuestran los datos, saltándose algún que otro episodio para llegar antes al final. Y, después, poner tuits alardeando de que ya la han visto. Y piden que llegue la siguiente temporada cuanto antes. Y a otra cosa. Y a ver qué se estrena de nuevo dentro de unos días para seguir engullendo.
Pero olvidamos al mismo ritmo que devoramos. El recorrido de las series es más fugaz que nunca, los spoilers sobre sus tramas trascienden demasiado rápido y se genera un clima de consumo acelerado entre los seguidores que propicia que un rimbombante lanzamiento caduque en apenas unos días.
Con un capítulo dosificado a la semana, la serie seguiría vigente y de actualidad durante meses. Con este sistema, la inversión en ficción es menos rentable: el gasto de la plataforma se esfuma en sólo unas pocas horas. Y, como consecuencia, Netflix debe producir más para alimentar el hambre voraz de sus suscriptores. Lo que, al final, empuja a una fidelidad menor de un cliente que, encima, valora cada vez menos los meses y meses de trabajo que son necesarios para parir una ficción.
Ahora Netflix sufre la crisis de la consolidación de un negocio. Tras años creciendo en suscriptores, la tendencia se ha frenado y los competidores se van abriendo camino. Y lo han hecho con la astucia de no seguir las reglas del juego de Netflix. Disney Plus, con todo su arsenal de entretenimiento, no ha sucumbido a la moda del atracón de series. Al contrario, ha entendido que esta estrategia está envenenada para rentabilizar al máximo sus inversiones y que es fundamental crear un vínculo estable con el espectador a través de citas semanales que se alargan en el tiempo. Los atracones nunca fueron buenos para la salud. Y ahora se le empieza a atragantar al propio Netflix.