Planes vs. trabajo genuino

Por Andrés Asiain

Las declaraciones de CFK sobre el excesivo número de “planes sociales” abrieron un nuevo debate al interior del Frente de Todos. El planteo tiene que ver con la coyuntural competencia territorial entre las organizaciones sociales y las agrupaciones políticas, y su dispar alineamiento de cara a la interna del peronismo. Pero también abre un debates.
La relación entre «planes» y desempleo no es tan lineal como sugirió la vicepresidenta al decir que en su gobierno había 220.000 “planes” con un desempleo de 5,9% y hoy hay 1.300.000 “planes” con un desempleo del 7%. La no linealidad surge porque quienes cobran un programa social son considerados por el Indec como ocupados, de manera tal que los “planes” disminuyen la tasa de desocupación. Por ello, si se tomara a quienes perciben un “plan” como desempleados, en 2015 habría 7% de desempleo y 220.000 planes, pero en 2022 se tendría 13% de desempleo con 1,3 millones de planes. Es decir, el incremento de los “planes” no se explica por un punto porcentual más de desempleo, sino por siete puntos porcentuales. El ejemplo sirve de muestra para mostrar la no linealidad entre desempleo y planes. La expansión del Potenciar Trabajo se explica por el impacto de la pandemia y fue decidida como una alternativa menos costosa al IFE. Su continuidad tiene que ver con que la reactivación no logró la reapertura de muchas pymes, generando una mayor concentración económica y una menor generación de empleo relativo. El crecimiento de los planes se vincula a una incapacidad estructural de dar empleo formal a la población, que trasciende al color político que gobierna, al menos los últimos 10 años. Problema que se vincula, no sólo con las restricciones al crecimiento económico, sino a una tendencia global a la destrucción relativa del empleo por las nuevas tecnologías bajo la regulación del capitalismo globalizado. El debate por un ingreso independiente de la participación en la producción (renta universal) que hoy se da en muchos países desarrollados, ya se daba en Argentina en los 90 en los movimientos de desocupados, gérmenes de las actuales organizaciones sociales. En esa tradición de lucha se explica no sólo el acceso a programas de empleo, sino también la asignación universal y las moratorias jubilatorias implementadas por el kirchnerismo, cuyos primeros bocetos fueron promovidos por la CTA durante la crisis de la convertibilidad en el marco del Frente Nacional contra la Pobreza.