110 años no es nada

Por Pedro Peretti

La Argentina ha desarrollado un modelo agrícola de tres pisos: el dueño de la tierra, el prestador de servicios, que es el que siembra, trilla, etcétera, y el pool o megaproductor, que arrienda la tierra y no la trabaja, sino que contrata servicios. Este modelo es similar al del Grito de Alcorta, cuya gesta acaba de cumplir ayer 110 años. En aquella época era: el dueño de la tierra, el subarrendador rural y el colono arrendatario. Hoy el 75% de la tierra la laboran los contratistas rurales por cuenta y orden de los pools o de los mismos propietarios. Este es un tiempo ideal para que un pequeño propietario vuelva a la chacra mixta. Este es un tiempo tecnológico de gran desarrollo en la agricultura, ideal para que el pequeño y el mediano productor accedan en condiciones de igualdad a todos los adelantos técnicos.
Ese debe ser el rol del Estado: lograr que los pequeños productores accedan a la tecnología y a la información que producen los satélites, como el Saocom 1B. Este esquema de prestadores de servicios –tanto agrícolas como ganaderos–, en el que, sin importar el tamaño del lote, se puede acceder a un trabajo realizado por máquinas de última generación, hace posible lo que en la década del 80 parecía imposible y era una desventaja competitiva, ya que a la hora de dar vuelta la tierra para sembrar había que tener máquinas propias, y no siempre el más pequeño podía comprarse fierros de última generación para hacer las labores en tiempo y forma.
Necesitamos un amplio acuerdo de las fuerzas progresistas, partidos políticos, organizaciones sociales y gremiales para refundar una agricultura democrática que combine medioambiente, ocupación territorial y rostro humano, todo al servicio de la soberanía y la seguridad alimentarias. Debemos otro modelo agrícola, donde la chacra mixta sea uno de los elementos centrales de la reconfiguración productiva. Necesitamos mucha fuerza y decisión política si queremos enfrentar al neoliberalismo agrario que circula con asombrosa vitalidad por amplios sectores de nuestro país, pues ha logrado colonizar muchas cabezas huecas en todos los espacios políticos. Hay que salir de la trampa que nos tendió la derecha agraria en cuanto que el único camino posible es la sojización y la concentración de tierras, y volver a pensar en términos de conveniencia nacional. Necesitamos imperiosamente construir una mirada agraria propia, creativa y seria.