Hojas Sueltas… Palabras para una

Por Luis Britto

Una columna, un ensayo o un poema son una narrativa, al igual que un cuento o una novela. También lo son quizá una teoría científica, una ecuación, un trazado urbano, un edificio, un cuadro, una danza, una sinfonía.
Los géneros de una civilización y de una época no sólo tienen un aire de familia: son una parentela, con sus querellas, sus matrimonios, sus incestos, sus fratricidios, sus legitimados u ocultos vínculos. La especialización del trabajo impuso la de familias y géneros. La diferenciación es el castigo del tiempo. Sólo en la alucinación o el recuerdo de la infancia recuperamos la totalidad. Contra el peligro que lleva consigo toda separación de lenguajes, la poesía pierde pie al separarse de la música, así como la música pierde pie al separarse de la danza. Todos los hombres son hermanos, porque sus creaciones son fraternas. Familias y culturas son apretadas gramáticas de parentescos que no pueden subsistir sin el sistemático intercambio de alianzas y de sangres. Sin exogamia, estirpes y culturas degeneran. Éstas tienen sus diásporas en la separación de las especialidades y de los estilos, y sus reconciliaciones en las experiencias de integración de las artes. La fiesta colectiva es el ritual que celebra la imposible recuperación de la unidad primordial; el hermetismo, la isla donde el náufrago intenta reconstruirse recuperando las herramientas que inventó la colectividad. En menos de un lustro el Robinson Crusoe verdadero, Alexander Selkirk, había casi perdido el uso del lenguaje. Ningún hombre es una isla, ningún continente es mundo. Sin lapsos, interrupciones, archipiélagos, digresiones ni tierras de nadie, sería el mundo insoportable.
¿Será la palabra solitaria o solidaria? En el principio era el Verbo; sin él, viene el final.
El lenguaje es la argamasa de la sociedad humana. Al hablar ya somos solidarios.
Compartir el idioma es asumir el universo que resume. Sólo podemos rechazar el cuerpo social con el habla que a él nos vincula. No preguntes por quién preguntan las voces. Están indagando por ti. Cambiar nombres es renovar el mundo; transmutar adjetivos, revolucionar la vida. Como a la obra, hay que entregarse a la sociedad para al fin ser libre de ella. En el primer poema dice todo lo que tenía que decir y desde entonces se encuentra condenado a la redundancia. No hay mejor relato breve que el de la mariposa que ya al batir las alas muere.