Por Ariel Vercelli
Mientras en noviembre pasado cada bitcoin alcanzaba su techo histórico de 68.000 dólares, hoy las noticias nos dicen que el BTC (sigla del bitcoin) parece no encontrar su piso y cotiza cerca de los 21.000 dólares, con una caída de más del 25% solo en esta semana. En medio de este brusco descenso y con la escandalosa desaparición la coreana Terra, varias empresas de criptoactivo como Celsius Netwok o Binance frenaron los retiros y transferencias de sus clientes. Sí una especie de criptocorralito que ha hecho colapsar a varias empresas de renombre del sector, arrastrando a millones de usuarios que no pueden sacar sus inversiones.
Como suele ocurrir en estos casos, aparecieron los números fríos, así varias plataformas de intercambio como Blockface, Cripto, Geminis, Bonbit en la Argentina comenzaron a despedir trabajadores o recortar sus horas. Celsius, por caso, es una empresa de préstamos que funciona de forma similar a los bancos, pero con un riesgo mucho mayor ya que los depósitos no están asegurados por el gobierno federal. La plataforma tiene 1,7 millones de usuarios y permite depositar criptomonedas a cambio de tipos de interés de hasta el 18% (una cuenta de ahorro suele dar entre el 1% y el 2%). Pero, ¿a qué se deben estos últimos movimientos? Algunos relacionan estos cambios a la inflación mundial y a los inminentes anuncios sobre la suba de la tasa de interés de la Reserva Federal norteamericana. Este argumento podría ser cierto si también suponemos que luego de la salida de los mineros chinos del Bitcoin, lo que ocurra con la gestión monetaria en Estados Unidos es capaz de condicionar todo el ecosistema de los criptoactivos. A mí gusto, existe otro argumento algo más acertado y que además se relaciona directamente con el funcionamiento distribuido de la cadena de bloques del bitcoin. Hace varios días que circulan conjeturas sobre qué pasaría si el precio del Bitcoin, el Ethereum, Giba Inus u otras, cayera tanto que no fuera rentable minar criptomonedas para sostener sus redes. Al parecer, las regulaciones nacionales sobre criptodivisas, el desarrollo de las monedas digitales -como el yuan chino-, y la crisis energética mundial partir de la guerra en Ucrania, parecen estar complejizando algunos cálculos a largo plazo. Si la criptominería deja de ser rentable, es tiempo de pensar qué podrían ofrecer los gobiernos de América Latina para reutilizar las capacidades ociosas de cómputos en sus territorios.










