Derecha y retenciones

Por Pedro Peretti (*)

Cuando uno recorre los argumentos de la derecha contra el aumento de retenciones se encuentra con un rosario de lamentos sin ningún fundamento sólido. Repiten como una letanía básica: «Hay que bajar las retenciones para producir más». El debate tiene dos caras: una es la urgencia del hambre, que no espera. La otra es el aumento de la producción, que está atada, inexorablemente, al ciclo biológico y al espacio físico. Este proceso es de mediano plazo, imposible de soslayar o acelerar por más entusiasmo declamativo que le pongan. Ante el hambre de hoy, no podemos plantear que dentro de cinco ciclos agrícolas los precios van a bajar. La urgencia alimentaria argentina no es por insuficiente volumen de producción, sino fruto de la pésima ecuación precios/alimentos/salarios. En el mundo hay alimentos de sobra para todos.
Hay en Argentina sólo 37.434 productores de trigo sobre un total de 47 millones de habitantes. Apenas el 10% de los productores concentra el 53% del área sembrada. Ese 10% acapara el 83% más tierra que el decil inferior. El nivel de concentración en el uso y tenencia de la tierra es brutal. Por eso es tan importante segmentar retenciones y no tratar como iguales a los que son estructuralmente distintos.
«Sin retenciones podríamos producir 30 millones de toneladas de trigo», dicen. El tema es cómo y dónde. Hablan como si producir más trigo fuera comprar una nueva máquina, o agregar una línea de producción. No es que no sepan de qué se trata: es una estrategia para confundir a la opinión pública y sacar rédito político y económico.
El trigo se siembra sobre una plataforma que se llama tierra; tierra hay la que hay, no se puede fabricar más. La Argentina usa 38 millones de hectáreas en sus cinco principales cultivos. Unos 6 millones corresponden al trigo.
El problema que tenemos no es por volumen: es por precio. ¿Podemos producir más trigo? Sí. ¿Cómo? Básicamente de dos maneras: o agrandamos el área de siembra o aumentamos el rendimiento de lo que sembramos. Entonces, ¿dónde sembramos? O el trigo toma superficie de otros cultivos o hay que agrandar la frontera agropecuaria. Esto último es un eufemismo para encubrir su verdadero nombre: desastre ambiental. Hoy carece absolutamente de licencia social para practicarlo. Por eso lo disfrazan, es lo que buscan al decir que con más producción se soluciona el problema alimentario.