HOJAS SUELTAS… Neuromito

David Bueno

Cuando en 1983 el psicólogo, investigador y profesor de la Universidad de Harvard, Howard Gardner propuso la teoría de las Inteligencias Múltiples, fue una gran revolución. Hasta entonces se consideraba la inteligencia básicamente como lógico-matemática, lingüística y visión espacial. Él dijo que había más inteligencias: la social, la intrapersonal (tener capacidad de pensar sobre uno mismo), la físico-sinestésica, la inteligencia pedagógica (la capacidad de para enseñar), etc. La inteligencia adquirió una visión mucho más amplia, pero se ha visto que el cerebro no tiene muchas inteligencias, tiene una y basta. Ocurre que esta única inteligencia es la suma de muchos aspectos, que coinciden más o menos con lo que propuso. Es una inteligencia más global. El propio Gardner reconoció que, desde la neurociencia, no se podía hablar de inteligencias múltiples, que era más adecuado hablar de “facetas múltiples de la inteligencia”. Hoy sabemos también que el coeficiente intelectual puede aumentar y disminuir durante la adolescencia. No es constante a lo largo de su vida. Depende de unos condicionantes genéticos, pero también de factores de aprendizaje. Dado que en la adolescencia se ganan y se pierden conexiones neuronales, se detectan cambios en este valor. Si sólo calculamos el coeficiente a partir de la lógico-matemática y la lingüística, no lo hacemos bien, deben incorporarse más aspectos que no se pueden cuantificar sólo con un test, sino con una interacción larga con un profesional. Sin ir más lejos, las clases en la escuela secundaria comienzan demasiado temprano, si se tiene en cuenta la relación que tienen los adolescentes con el sueño esto debería modificarse. El ritmo circadiano, que es lo que hace que por la noche tengamos sueño y por la mañana nos despertamos espontáneamente, es un ritmo de veinticinco horas. Se retrasa dos horas de media en la adolescencia, no sabemos todavía bien por qué, pero esto significa que el sueño les llega más tarde. Obligarlos a acostarse antes es la mejor garantía de que no duerman. En Inglaterra, que entran en el instituto a las 8:30hs, se hizo un estudio en el que los alumnos entraban a las 10. Se comprobó que el número de días que faltaban a clases por estar enfermos disminuía un 50% y el rendimiento académico aumentaba un 20%. Esto significa que todos los alumnos acostumbrados a sacar 4, que piensan que nunca saldrán adelante, de repente sacan un 6 y ven futuro académico.