Un niño juega con un cangrejo en una aldea de Villa Clara, Cuba. Entre mediados de abril y mayo, con los primeros aguaceros de la primavera, millones de cangrejos rojos, salen de los montes para ir a aparearse o a desovar al mar. Por estos días, junto al canto de los pájaros se puede escuchar el rasguido de las patas de los crustáceos entre la hierba que se mezcla con un fuerte olor de los muchos que mueren en las rutas aplastados por los vehículos. Cifras oficiales estiman que unos 3,5 millones de ejemplares mueren en las calles cada temporada, aunque la especie no corre peligro de extinción. Las autoridades advierten a los conductores que eviten transitar en horas de la mañana y el atardecer, que son los horarios favoritos de cruce, una actividad que no está exenta de peligros también para los residentes: al sentirse amenazados los animales estiran sus tenazas en guardia provocando pinchaduras en las ruedas.









