Hojas Sueltas… El fin del mundo

Por Luis Britto García

Platón decía que transcurridos 25.000 años, todo lo ocurrido volvería a suceder, pero al revés, y así sucesivamente. Creían los estoicos que el mundo se consumiría en un cataclismo, tras el cual todo se repetiría exactamente igual, y así por la eternidad. Seguimos esperando. No hay mitología que no suministre partida de nacimiento y de defunción del mundo. Creen los hindúes que tras cuatro Yugas éste perece para renacer indefinidamente. Los escandinavos, que su extinción llegará como Gotterdammerung o Crepúsculo de los Dioses. El Calendario Maya no va más allá del 21 de diciembre de 2012. El Apocalipsis de San Juan pronostica que las estrellas caerán a la Tierra, pero no dice cuándo. Predicaban los cristianos que el Fin de los Tiempos llegaría antes de que murieran quienes habían conocido a Jesús. Fallecieron esos bienaventurados y el mundo siguió andando, por lo que se postergó la defunción del universo para un milenio después, con idéntico resultado. Como las autoridades religiosas quedaron en ridículo, traspasaron a adivinos, astrólogos y truhanes la tarea de fechar el Día de la Ira. San Malaquías predijo en el siglo XI que desde entonces habría 112 papas, identificados con vagos sobrenombres. El penúltimo, “Gloria Olivae” correspondería a Benedicto XVI Ratzinger, y el último sería un tal “Petrus Romanus”, tras lo cual “la ciudad de las siete colinas será derruida, y el Juez Tremendo juzgará a los pueblos”. Roma ha sido arrasada tantas veces, que una más no cuenta. El médico y astrólogo Nostradamus compuso en 1555 una incoherente sarta de cuartetas proféticas susceptibles de cualquier interpretación. Una de ellas anticipa que en 1999 “del cielo vendrá un gran Rey de terror”. Según las Profecías de la Pirámide, el mundo se acabaría en 1980; parece que le dieron prórroga.
Avergüenza decirlo: ni beatos ni brujos han concebido un solo final del mundo puntual o interesante. Acaso más excitantes que los fines del mundo previstos por la fantasía son los calculados por la ciencia. Según la teoría de la expansión del universo, éste seguirá ampliándose hasta que sus componentes se distancien infinitamente.
Si queremos saber de nuestro fin, es inútil consultar mayas, religiosos, hechiceros o fabuladores. Es preciso, por el contrario, vigilar lo que perpetran industriales contaminantes, imperios rapaces, científicos sin ética, gente común que no hace nada por detenerlos. Cada cual prepara su Apocalipsis particular, y entre todos podrían desatar el definitivo.