Yo digo… Hacia un mundo sin petróleo (II)

Luis Britto García

Sabemos lo que pasará en el futuro inmediato, no por el arte de la adivinación ni por informes reservados o de inteligencia de ningún gobierno, sino por lo que sus líderes ocultan, pero sus políticas acaban mostrando. Sabemos también que ninguna de las crisis examinadas puede ser resuelta por el sistema que las ha generado.
1.
En el ya iniciado e inevitable declive hacia un mundo sin hidrocarburos, estos dejan de respaldar el petrodólar, hasta ahora el único sostén de la divisa estadounidense. Los grandes capitales intentarán monopolizar la emisión de circulante a través de criptomonedas. El dinero físico será progresivamente sustituido por sistemas informáticos que intensificarán el control sobre los ciudadanos. Marginales y excluidos crearán complejas economías clandestinas de tráfico de bienes o servicios ilegales o prohibidos, que en el fondo versarán sobre el valor de la energía fósil necesaria para producirlos o robarlos. El creciente déficit fiscal agigantará la Deuda Pública, la cual sólo podrá ser pagada mediante una devaluación masiva que implicará el colapso financiero total. Los negociados del capital especulativo intensificarán la hiperconcentración de capitales, acercando el momento en que un solo grupo monopolizará toda la propiedad global y los expropiados expropiarán a los expropiadores.
2.
En lo político, los países hegemónicos intensificarán esa complicidad absoluta con el gran capital que Franz von Neuman llamó fascismo. Todos imitarán a Estados Unidos en amalgamar política y economía legitimando los sobornos privados a partidos, candidatos y funcionarios. El desmantelamiento del Estado de Bienestar recrudecerá en oleadas universales de protesta. Para reducirlas, las tecnologías de la información instaurarán un espionaje total sobre los ciudadanos, que escudriñará sus actividades, vínculos, ideas y estilos de consumo. Programas y campañas de los candidatos serán cada vez más farsas de manipulación distanciadas de la realidad económica y social. El vacío del poder institucional engendrará dictaduras invisibles y paraestados fácticos. Los poderes públicos serán utilizados para acelerar la concentración de capitales y la eliminación de quienes no sean útiles para ella.
3.
En lo internacional, la ininterrumpida agresión de Estados Unidos y la OTAN contra Rusia la forzará a estrechar cada vez más vínculos con China, afirmando al Asia como continente hegemónico. La creciente imposición de medidas coercitivas forzará a bloques y países a luchar denodadamente por la autosuficiencia económica y la independencia política, imponiendo un sistema multipolar. El colapso de transportes y vías propiciará la secesión de grandes unidades geopolíticas. Las rebatiñas por los restos del combustible endurecerán la confrontación entre bloques y multiplicarán guerras “limitadas” contra los países productores de hidrocarburos o con vías que los transporten. Los resquicios dejados por dichas pugnas deben ser aprovechados por América Latina para evitar ser despojada por alguna de las potencias en pugna, y utilizar equilibradamente las diferencias entre ellas para preservar su existencia y sus recursos.
4.
En lo estratégico, las potencias multiplicarán el cada vez más oneroso gasto armamentista como recurso para saquear los remanentes de energía fósil y sus vías de transporte. El conflicto en Ucrania, punto final de la expansión de la OTAN, descarta su papel como instrumento militar de Estados Unidos. Estos no podrán avasallar a Rusia y mucho menos a China, cuyo estatuto de primera potencia del mundo se afianzará cada vez más, y cuya economía planificada le permitirá sobrevivir a la transición energética. Potencias en declive financiarán y entrenarán cada vez más milicias paramilitares reclutadas entre marginados, excluidos y fanáticos que suplantarán progresivamente a los ejércitos imperiales y recrudecerán la sistemática desestabilización de cualquier país que intente organizarse de manera coherente.
5.
En lo cultural, el incrementado costo de los objetos materiales incentivará su progresiva sustitución por bienes informáticos, experiencias virtuales, mensajes subliminales, avatares y metaversos, realidades alternativas pobladas de seres y utensilios ilusorios. El control monopólico de los medios extremará el divorcio entre el mundo informático y la realidad. Ideologías neofundamentalistas, neonazis, neoracistas, neosuprematistas, neocolonialistas, neoimperialistas proliferarán a medida que se vayan debilitando los poderes fácticos para imponerlas. La educación a distancia borrará progresivamente límites entre información, entretenimiento y propaganda. Las tecnologías de la información desviarán la atención de las masas alienadas de sus propios problemas hacia fanatismos y conflictos étnicos, locales y de género. Una censura omnipotente borrará de bibliotecas, filmotecas, agencias de información, medios y redes sociales toda mención a ideas, personas, etnias, países o culturas disidentes. El colapso de la globalización dejará espacio para un resurgir de culturas, subculturas y contraculturas regionales, nacionales y locales. El desamparo del ciudadano común propiciará el consumo de drogas y nuevos cultos e incluso el surgimiento de cultos ecuménicos de los desposeídos.