Dolor de garganta en invierno: cómo saber si es viral, bacteriano o simple irritación

Con la llegada del frío, el dolor de garganta vuelve a convertirse en una de las consultas médicas más frecuentes. Los cambios bruscos de temperatura, el aire seco de la calefacción y la mayor circulación de virus respiratorios favorecen la aparición de molestias al tragar, picazón y carraspera.

Según explicó la médica otorrinolaringóloga Ana Cofre, las causas más habituales son la faringitis —generalmente de origen viral y asociada a resfríos o gripe— y la amigdalitis, más frecuente en niños y adolescentes, aunque también presente en adultos.



La especialista advirtió que no siempre existe una infección detrás del síntoma. Factores como el humo del cigarrillo, el uso excesivo de la voz, el reflujo gastroesofágico o los ambientes secos también pueden provocar irritación de garganta.

Cómo diferenciar una infección viral de una bacteriana

La distinción es clave para evitar tratamientos innecesarios. Las infecciones virales suelen acompañarse de congestión nasal, tos, secreción, malestar general y fiebre leve. En cambio, cuando el origen es bacteriano, los síntomas aparecen con mayor intensidad: fiebre alta, dolor fuerte al tragar, ganglios inflamados y placas blancas en las amígdalas.

Cofre alertó además sobre señales que pueden indicar complicaciones, como una amígdala mucho más inflamada que la otra o dolor que se extiende hacia el oído, síntomas compatibles con un absceso periamigdalino, una acumulación de pus que puede requerir cirugía o internación.

El riesgo de usar antibióticos “por las dudas”

Los especialistas remarcan que la mayoría de los cuadros son virales, por lo que los antibióticos no resultan efectivos. El uso indebido de estos medicamentos contribuye al aumento de la resistencia bacteriana, considerada por la Organización Mundial de la Salud como una de las principales amenazas sanitarias globales.

“Muchas personas piden antibióticos preventivamente, pero automedicarse puede ser contraproducente”, señaló la médica, quien recordó que solo un profesional puede determinar cuándo corresponde iniciar un tratamiento.

En los casos en que sí se indica un antibiótico, los más utilizados son amoxicilina o penicilina durante siete a diez días. Los médicos insisten en completar el tratamiento incluso si los síntomas mejoran antes, para evitar recaídas y resistencia bacteriana.

Qué hacer para aliviar el dolor

Para los cuadros leves y virales, el tratamiento apunta a aliviar los síntomas mediante analgésicos, hidratación, reposo vocal y descanso. El malestar suele durar entre cinco y siete días.

También existen remedios caseros que pueden ayudar: la miel calma la irritación y la tos, las gárgaras con agua y sal reducen la inflamación y el jengibre aporta un efecto antiinflamatorio moderado. Las bebidas frías pueden disminuir la inflamación, mientras que las tibias alivian la sequedad.

Los especialistas aclaran además que la vitamina C contribuye al sistema inmune, aunque no previene infecciones por sí sola ni acelera la recuperación.

Cuándo consultar al médico

Los expertos recomiendan buscar atención médica ante fiebre alta persistente, dificultad para tragar o respirar, dolor intenso que no mejora con analgésicos, inflamación desigual de las amígdalas o síntomas que se prolongan más de una semana.

“Un diagnóstico temprano puede evitar complicaciones más graves”, concluyó Cofre, quien recordó que la extirpación de amígdalas solo se evalúa en casos recurrentes que afectan la calidad de vida del paciente.