Desde primera hora del jueves, las alarmas antiaéreas se escuchaban en Kiev, capital de Ucrania, al igual que distintas explosiones en la jornada. Al amanecer, las sirenas de los policías se alternaban con el tráfico en medio de la incertidumbre de los habitantes, de los cuales ACNUR estima que cerca de 100.000 huyeron de sus hogares con pocas pertenencias.
Miles de personas por las calles siguieron a través de sus teléfonos móviles las noticias de la ofensiva y la invasión del país ordenada por Putin. “En el centro de la capital, medio desierta, no se avistaron durante la jornada vuelos de aviones militares, pero sí se percibía un sentimiento de pánico y psicosis, especialmente en las estaciones de trenes y autobuses”, describe el enviado especial de El País (España), Luis de Vega.
La estación fue escenario de nerviosismo ante la imposibilidad de muchas personas de conseguir boletos. Las avenidas se llenaron de tráfico aún de noche. Elisabetta Piqué, de La Nación, narrró: “Nadie duerme porque en cualquier momento pueden volver a sonar las sirenas, y si duerme lo hace vestido, con una mochila con todas sus pertenencias y documentos más importantes listos para llevarse a la hora de salir corriendo a buscar resguardo”.









