Ariel Vercelli
Tras una serie de escándalos públicos, NSO Group, la empresa israelí de miles de millones de dólares que lleva vendiendo herramientas de hackeo a gobiernos de todo el mundo desde hace más de una década, ha sido objeto de una intensa investigación. Su situación actual es tan crítica, que hay dudas sobre su futuro.
Pero, aunque el futuro de NSO Group resulta incierto, es más probable que nunca que los gobiernos sigan comprando ciberherramientas de la industria que NSO ayudó a definir. Se trata de un negocio en auge para las empresas de «hackers por contrato». En la última década, este sector ha pasado de ser una novedad a convertirse en un instrumento clave de poder para las naciones de todo el mundo.
El mes pasado, Facebook informó de que siete empresas de hackers contratados de todo el mundo habían atacado a 50.000 personas en las plataformas de la empresa. El informe destacó cuatro empresas israelíes junto con operaciones desde China, India y Macedonia del Norte. El hecho de que la investigación ni siquiera mencione a NSO Group muestra que esta industria y sus ataques son mucho más amplios de lo que la sociedad normalmente ve.
NSO Group ha sido acorralado por críticas y acusaciones de abuso durante años. En 2016, se descubrió que los Emiratos Árabes Unidos usaban Pegasus de NSO Group (la herramienta para hackear teléfonos celulares) para espiar al activista de derechos humanos Ahmed Mansoor. En ese caso, el Gobierno fue visto como el culpable y NSO salió intacto.
Mismo patrón, distinto equipo
Este patrón se repitió durante años: una y otra vez, los gobiernos acababan acusados de utilizar herramientas de hackeo de NSO contra sus disidentes, pero la empresa negaba haber actuado mal y evitaba el castigo. Luego, a mediados de 2021, surgieron nuevos informes de presuntos abusos contra algunos gobiernos occidentales. La compañía fue sancionada en noviembre por parte de Estados Unidos y, en diciembre, Reuters informó de que algunos funcionarios del Departamento de Estado de Estados Unidos habían sido hackeados con Pegasus.
Actualmente, NSO Group se enfrenta a millonarias demandas por parte de Facebook y Apple. Tiene que lidiar con la deuda, la baja moral y las amenazas fundamentales para su futuro. De repente, el líder del software espía sufre una crisis existencial.
La industria secreta de los hackers contratados apareció por primera vez en los titulares de periódicos internacionales en 2014, cuando la empresa italiana Hacking Team fue acusada de vender su software espía «imposible de rastrear» a decenas de países sin tener en cuenta las violaciones de los derechos humanos ni la privacidad.
Hacking Team abrió los ojos del mundo a una industria global que compraba y vendía herramientas poderosas para acceder a computadoras en cualquier lugar. La tormenta de escándalos resultante pareció acabar cuando esta empresa perdió su negocio y la capacidad de vender legalmente sus herramientas a nivel internacional. Hacking Team fue vendido y, en la mente de la sociedad, el asunto se dio por muerto. Sin embargo, al final cambió de nombre y comenzó a vender los mismos productos. Sólo que esta vez, es un pez más pequeño en un estanque mucho más grande.
Ciberarmas por misiles
En el siglo XXI, los objetivos de mayor valor de un gobierno están online más que nunca, y el hackeo suele ser la forma más eficaz de llegar a ellos.
El resultado es una multitud cada vez mayor de países dispuestos a gastar grandes sumas de dinero para desarrollar sofisticadas operaciones de hackeo. Para los gobiernos, invertir en ciberarmas representa una forma relativamente barata y potente de competir con otras naciones rivales y desarrollar herramientas poderosas de control interno.
Los grandes contratistas militares de todo el mundo desarrollan y venden estas capacidades. Estas herramientas se han utilizado para cometer abusos de poder atroces, pero también se usan cada vez más en investigaciones criminales legítimas y contraterrorismo y son clave para el espionaje y las operaciones militares.
Y la demanda no va a desaparecer, la industria es más grande y visible hoy en día que hace una década. La demanda crece porque el mundo está cada vez más conectado tecnológicamente.
Alertadas sobre el impacto cada vez mayor de esta industria, autoridades de todo el mundo intentan influir en su futuro con sanciones, acciones legales y nuevas regulaciones sobre las exportaciones. Aun así, la demanda de herramientas no para de crecer.










