Universidades

Por Ariel Vercelli

El fortalecimiento de las capacidades de gestión de la “propiedad intelectual”, es uno de los desafíos más importantes que enfrentan las Universidades Públicas en Argentina.
Aunque en las últimas décadas las universidades han creado sus espacios para favorecer la creación y la gestión del valor intelectual, hay una necesidad de repensar aspectos sobre cómo producir y proteger estos desarrollos públicos.
Teniendo en cuenta que las Universidades Nacionales son las principales productoras de valor intelectual del país, es válido preguntar ¿por qué desde las universidades públicas no se han generado procesos creativos e innovadores orientados a mejorar la gestión del valor intelectual?
El desarrollo de conocimiento en las universidades cuenta con un alto grado de autonomía, siendo la libertad de cátedra y de investigación dos de los pilares del funcionamiento del sistema. Esta libertad delega una responsabilidad política en los investigadores y encargados de gestionar la institución. La selección de los problemas de investigación, los objetivos de estas actividades, los campos del conocimiento en los que se intervienen o los actores sociales, académicos o industriales a los que se dedican recursos quedan circunscriptos a las motivaciones de los investigadores y de las gestiones de turno, sin existir mecanismos que favorezcan la participación social en las decisiones de la universidad sobre cómo o dónde aplicar los recursos disponibles.
En los órganos de conducción de las universidades los problemas asociados a estas cuestiones han dejado de discutirse, confundiendo cualquier intento de planificación y direccionamiento político con un ataque al espíritu reformista o como un intento de “ideologización” de la ciencia. Es posible advertir la existencia de una “verdad indiscutible” que indica que una mayor inversión en ciencia y tecnología es una condición para mejorar las capacidades tecnológicas del entramado productivo del país, una especie de “teoría del derrame” que ignora la existencia de complejos y heterogéneos procesos que caracterizan la gestión del conocimiento.
Carentes de lineamientos estratégicos nacionales, los modelos y herramientas que se utilizan son diseñados por actores políticos externos, relegando a las áreas de gestión universitaria sólo al intento de mejorar aspectos administrativos.