Poner fin a las “retenciones” al agro como parte del camino hacia la prosperidad

Por Cristhian Leonardo Blanc*

Los derechos a la exportación, conocidos curiosamente como “retenciones”, constituyen un impuesto que, aunque permita importantes ingresos para el fisco, implican un lastre para el crecimiento y desarrollo del país. Sus defensores argumentan que este tipo de imposición permite cuidar la “mesa de los argentinos”, disociando los precios locales de aquellos propios del mercado internacional. Se comprende el razonamiento, pero es meramente cortoplacista, en el mediano plazo estas imposiciones afectanno solo alsector agroexportador, sino a la economía toda.



Según un reciente informe de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA), nuestro país se encuentra en el grupo de los 5 países en los cuales las retenciones (derechosdeexportación) ascienden amásdel10% del totaldeimpuestosrecaudados. Los otros miembros de este penoso club son Bielorrusia, Costa de Marfil, Kazajstán y las Islas Salomón. En cambio, vecinos a los que nos les va tan mal, directamente no las aplican, como el caso de Brasil, Paraguay y Uruguay, entre otros. Países desarrollados como Estado Unidos, Canadá y Australia, tampoco castigan a sus economías con las mentadas retenciones.

En cuanto a nuestros 3 vecinos citados, cabe destacar que en los últimos 30 años (siempre siguiendo la presentación de FADA) el PBI per cápita de Brasil creció 201 puntos porcentuales más que la Argentina, en el caso de Paraguay y Uruguay, 196 y 268 puntos porcentuales más que nuestro país respectivamente. Se entiende que, si la cuestión es “cuidar la mesa de los argentinos”, el PBI per cápita constituye solo una aproximación a tal noble objetivo, pero, aún con sus limitaciones, se trata de un indicador relativamente efectivo para tantear el crecimiento del bienestar de los residentes de un país.

Para entender cómo funciona este esquema impositivo y el argumento, reitero, cortoplacista de sus defensores conviene observar el siguiente gráfico:

La línea de color azul representa la oferta de los productores locales de algún bien exportable (ej. poroto de soja que tributa 33% de derechos de exportación), la línea de color rojo representa la demanda interna, o sea de los consumidores locales del producto. Como cualquier

adentrado en la ciencia económica conoce (y hasta quienes no han estudiado tal disciplina, pero intuitiva o empíricamente han apreciado), la demanda ofrece pendiente decreciente dado que, a mayor precio menor incentivo para comprar el producto, es decir la cantidad demandada disminuye con subas de precio. A la inversa opera la oferta, de pendiente positiva, es decir, a mayor precio mayores cantidades están dispuestos a ofrecer los productores, bajo condiciones normales.

Comencemos por el caso en el cual no hay retenciones: la demanda internase encuentra en D₀ y la oferta de los productores en O₀, obteniendo estos últimos el precio que cotiza en los mercados internacionales. Dado que para el precio (P₀) la oferta local supera a la demanda local, el excedente se exporta (O₀ – D₀). Ahora pasemos al caso en que se impone un porcentaje de derechos de exportación, en este caso el productor interno recibirá, luego de la deducción de la retención, un importe menor por sus ventas externas (P1), lo cual desincentiva la producción, cayendo la oferta interna a O1. Lo que sucede con la demanda es lo que aplauden los defensores de la imposición: la cantidad demandada aumenta con motivo del menor precio, hasta el punto D1 según nuestro gráfico. Al disminuir la diferencia entre oferta interna y demanda interna, los saldos exportables se reducen (nuevo saldo exportable: O1 – D1).

El lector comprenderá que la eliminación de estos derechos encarecería el producto para los consumidores locales, ya que en tal caso deberán pagar el precio internacional P₀. Y tratándose de productos agropecuarios tales como poroto de soja, maíz y trigo, la quita de retenciones afectará particularmente a los bolsillos de los ciudadanos. En efecto, el trigo es crucial dado que es insumo de un bien muy consumido por los ciudadanos, el pan. La soja y el maíz se utilizan como alimentos de ciertos animales que luego son consumidos por los ciudadanos, por lo cual su encarecimiento post retiro de las retenciones subiría los costos de alimentación de aquellos, haciendo subir el precio de ciertas carnes y también de lácteos (no solo del pasto vive la vaca, también de maíz y soja). Estamos hablando, por supuesto, de lo que sucedería en el corto plazo. Veamos ahora un horizonte temporal menos limitado.

Menores retenciones (o su completa eliminación) implicaría más ganancias para los productores agropecuarios, gran parte de estas ganancias se traduciría en inversión: tractores, maquinaria, fertilizantes, insumos varios etc. Aumentando en consecuencia la producción y el empleo, dotando de mayor eficiencia y productividad al sector. Este mayor dinamismo iniciado en el campo contagiará a otros sectores, entre los más beneficiados: transporte, vendedores y distribuidores de neumáticos tanto para camiones como para maquinaria agrícola, productores y vendedores de insumos varios para la agro industria en general, estaciones de servicio etc. Es decir, se trataría de un círculo virtuoso de crecimiento económico que generaría empleos directos e indirectos afectando positivamente los salarios.

Es claro que en el corto plazo aumentarán los precios internos de los commodities que antes eran castigados por los derechos de exportación, así se verán afectados quienes utilizan estos bienes primarios como insumos. Pero debemos entenderlo como parte de los costos de transición, a estos se los asume para una mayor prosperidad futura o se insiste en no asumirlos y seguimos en la decadencia relativa que nos imponen dichos tributos. Para ejemplificar parte de dicha decadencia,podríamos mencionar que,desde el comienzo de este siglo,la participación de las exportaciones argentinas sobre el total de exportaciones mundiales osciló apenas entre un 0,30 y poco más de 0,40% (este año no llegará al 0,30% aunque aquí deben considerarse los efectos devastadores de la sequía). Las cifras lucen frustrantes para un país con tan fuerte potencial exportador.

Eliminadas las retenciones, el mayor dinamismo de los sectores agro exportadores y asociados permitirá sin dudas un mayor ingreso de divisas, mejorando la alicaída situación de las reservas del Banco Central, entidad que actualmente y desde hace tiempo padece de un feroz e imparable drenaje. Revirtiendo esta situación acuciante, la autoridad monetaria dispondrá de mayor fortaleza para defender el valor del peso, mejorando el poder adquisitivo (y por tanto la tan mentada “mesa de los argentinos”) de manera genuina, con perspectiva de largo plazo.

Por supuesto que nuestra economía adolece de problemas y distorsiones varias, constituyendo los derechos de exportación solo una de ellas, pero no una menor. La eliminación, gradual o de shock, de las retenciones debe acompañarse con otras reformas que estabilicen el mercado monetario/cambiario, lo cual impone disciplina fiscal y la consecuente disminución de la emisión monetaria, que es la que afecta en mayor medida a la “mesa de los argentinos” con el impuesto inflacionario. Las restricciones cambiarias (cepo) y la unificación del mercado cambiario deben ser parte de este conjunto de reformas, que no son monopolio intelectual de la actualmente denostada ortodoxia propia de economistas clásicos, sino que son parte de la misma racionalidad económica. El orden y/o el ritmo de implementación de estas medidas constituye tema de discusión que amerita análisis adicionales

El mundo necesita de los productos que ofrece nuestro sector agropecuario, y nuestro país necesita de divisas urgentemente, máxime si consideramos que las reservas brutas apenas suman unos 33.000 millones de dólares y las netas se encuentran en terreno negativo en más de 1.300 millones de dólares (el cálculo presenta pequeñas variaciones según la consultora que lo realice, dado que el BCRA no las informa ni ofrece fórmula para calcularlas).

Debemos aceptar que la transición hacia una economía sana y con perspectiva de futuro requiere de costos temporales, podemos asumirlos o continuar en este sendero de decadencia. Existe una frase derrotista que sentencia “la única salida que tiene la Argentina es Ezeiza”, yo en cambio me permito creer que la salida para la Argentina son las exportaciones.

*El autor es economista, profesor universitario y de nivel medio