En este controvertido ensayo fotográfico, el francés Pierre Abensur les pidió a los cazadores que vistieran sus ropas más elegantes para retratarlos junto a sus trofeos en el mismo lugar donde los abatieron, como una referencia a las pinturas del pasado, cuando reyes y nobles posaban con sus mejores trajes frente a paisajes y animales salvajes. Este proyecto, llevado a cabo en diferentes países del mundo, no es un cuestionamiento a la cacería ni una apología de la misma, se trata, dice Abensur, de mostrar lo que en realidad sucede todos los días y en todas partes, aunque nos neguemos a verlo. Las personas que aceptaron posar para sus imágenes lo hicieron porque, entre otras cosas, entienden que no es la caza la responsable de la disminución y extinción de algunas especies, sino la industria, la agricultura intensiva y la ganadería. El impacto del pastoreo, por ejemplo, afecta a las cebras de montaña de Namibia.









