Un hombre lleva un enorme tiburón martillo por las calles de Mogadiscio. Una reciente escalada del saqueo en aguas somalíes por parte de embarcaciones pesqueras extranjeras podría significar el regreso de los secuestros, advierten los lugareños. Las aguas del país han sido explotadas por la pesca ilegal y, como resultado, la infraestructura económica que antes proporcionaba puestos de trabajo ha sido devastada. Somalia vivió una guerra civil que duró 25 años y se encuentra en una encrucijada provocada por una grave sequía y el COVID-19. Según las Naciones Unidas, unos 7,7 millones de somalíes necesitarán asistencia humanitaria en 2022, lo que supone un aumento del 30% en tan sólo un año. Si no llegan los fondos, se estima que es probable que unos 1,2 millones de niños menores de cinco años sufran desnutrición aguda este año, y de ellos casi 300.000 pueden morir si no reciben tratamiento inmediato.









