Trabajadores de Whirpool protestan durante una huelga contra el cierre de la planta de Nápoles. La decisión de la multinacional estadounidense se produce poco después de que el gobierno levantara la prohibición de despedidos impuesta a la industria por la pandemia. Whirlpool ha aumentado sus ganancias hasta en un 20%, lo que para los trabajadores evidencia que el cierre de la planta y el ofrecimiento de indemnizar a sus 350 operarios con el 52%, no obedece a la alegada crisis económica. Las centrales obreras convocaron un paro nacional para el 30 julio, contra los “procesos de reorganización” empresarial que en los últimos 30 años “han propiciado el debilitamiento del estado de bienestar, la precariedad laboral y la pérdida de derechos”.









