La espera que también educa: sin colectivo, el costo lo pagan las familias

Desde abril, los alumnos de la Escuela N° 92 asisten a tres establecimientos distintos debido a las obras previstas en el edificio original. Aunque las autoridades provinciales anunciaron un servicio de transporte para acompañar la reubicación, los padres continúan costeando los traslados y esperan una respuesta que, hasta ahora, no llega.

Por: Matías Dalmazzo

No fue una decisión de las familias ni de los chicos. Tampoco un cambio buscado por la comunidad educativa. La reubicación de los alumnos de la Escuela N° 92 «Tucumán» fue la consecuencia de los problemas edilicios detectados en el edificio y de la necesidad de garantizar la continuidad de las clases. Sin embargo, la solución llegó incompleta: mientras los estudiantes fueron distribuidos en distintos establecimientos, el transporte escolar que la Provincia prometió para acompañar esa reorganización nunca apareció.



El paso de los meses convirtió una situación que se anunciaba como transitoria en un problema cotidiano. Cada jornada comienza mucho antes de que suene el timbre de ingreso y termina varias horas después, con padres reorganizando horarios laborales, gastando dinero que no tienen o caminando largas distancias para que sus hijos no pierdan clases.

«Lo que más me gustaría que la sociedad sepa es nuestra situación. Los chicos no eligieron esto. Fue un problema edilicio de la escuela y nosotros hacemos todo lo posible para que puedan llegar a donde los mandaron, pero necesitamos que cumplan con lo que prometieron», resumió María Díaz, una de las madres autoconvocadas, durante una entrevista con LA CALLE.

Una escuela repartida en tres

La reorganización comenzó de manera parcial en marzo, con jornadas reducidas. Luego, el 6 de abril, los alumnos fueron distribuidos entre las escuelas Viamonte, Avellaneda y N° 110.

Aquella decisión permitió sostener el ciclo lectivo, pero multiplicó las complicaciones para decenas de familias que viven lejos de esos establecimientos y que habían recibido la promesa de un colectivo específico para trasladar a los alumnos desde la Escuela N° 92 hacia las sedes donde cursan.

Ese compromiso todavía sigue pendiente.

Desde entonces, la respuesta oficial prácticamente no cambió. Según cuentan los padres, la explicación siempre fue la misma: el expediente se encuentra en Paraná y resta una definición administrativa.

El costo de ir a la escuela

Detrás de una promesa incumplida hay números que golpean la economía familiar.

María Díaz explica que una familia puede gastar alrededor de ocho mil pesos diarios solamente para cumplir con los viajes de ida y vuelta en colectivo.

«No todos tenemos vehículo. Cuando no funcionaba el transporte público salíamos caminando a las seis de la mañana para llegar a horario. Después vino la niebla, el frío, la lluvia y los chicos llegaban mojados. Ahora, con colectivos, igual es un gasto enorme porque hay que hacer cuatro viajes por día entre llevarlos y buscarlos», relata.

La situación resulta todavía más compleja para quienes tienen varios hijos.

«No es raro encontrar familias con un hermano en la Viamonte, otro en la 110 y otro en la Avellaneda. Coordinar esos horarios es prácticamente imposible», explica.

A eso se suma la compra de útiles, la merienda y otros gastos escolares que terminan conformando un presupuesto difícil de sostener para muchas familias.

Mucho más que un viaje

Los padres insisten en que el reclamo no se reduce al costo económico.

Los chicos ya no comparten el mismo edificio, muchos dejaron de cursar con sus compañeros habituales y la rutina cambió por completo.

«Los chicos salen agotados porque no es su escuela. Hay mamás que no llegan a buscarlos a tiempo, otras dependen de familiares y hay casos de niños que se enfermaron por las caminatas diarias», cuenta María.

Entre los ejemplos que más impactan menciona el de una madre que vive en el barrio FAPU y todos los días camina con sus hijos hasta la Escuela N° 110 para que puedan asistir a clases y al comedor escolar.

«Muchas veces no es solamente por la educación. También necesitan ese plato de comida que reciben en la escuela», señala.

Un expediente que sigue esperando

Hasta el cierre de esta edición, las familias continuaban sin recibir una fecha concreta para la puesta en marcha del transporte comprometido.

La gestión del servicio depende de organismos provinciales y el expediente continúa sin resolución definitiva. En esa estructura interviene la Secretaría de Transporte de Entre Ríos, actualmente a cargo del uruguayense Aníbal Steren, área que tiene participación en la tramitación del servicio junto con otros organismos provinciales, aunque hasta el momento no hubo anuncios públicos sobre cuándo podría implementarse la solución para la comunidad educativa.

Mientras tanto, la sensación entre los padres es que el tiempo administrativo avanza a un ritmo muy distinto del calendario escolar.

La marcha, como último recurso

Frente a la falta de respuestas, el grupo de padres autoconvocados volverá a manifestarse este lunes por la mañana.

La concentración será a las 10 en la esquina de 9 de Julio y Díaz Vélez. Desde allí recorrerán distintas calles hasta llegar nuevamente a la Escuela N° 92.

La convocatoria está abierta a toda la comunidad. Piden que quienes acompañen lleven carteles, banderas o cualquier elemento que permita visibilizar el reclamo.

«No queremos privilegios. Solamente pedimos que cumplan lo que prometieron. Si ponen el colectivo, nosotros llevamos a los chicos a la Escuela 92 y ellos hacen el resto del recorrido. Eso era lo que se había acordado desde el principio», resume María.

Porque detrás de un expediente que todavía espera una firma, hay chicos que todos los días siguen haciendo un esfuerzo extra simplemente para poder llegar a la escuela.