Con una propuesta que combina rock alternativo, electrónica, sonidos del paisaje entrerriano y una puesta escénica que incorpora teatro, intervenciones artísticas y gastronomía, Diosa Delay encontró un camino propio dentro de la escena cultural de Concepción del Uruguay. Sus integrantes dialogaron con LA CALLE sobre el proceso creativo, la identidad musical del grupo y la manera en que buscan construir un vínculo diferente con el público.
Por: Matías Dalmazzo
En tiempos en que buena parte de los recitales parecen responder a una fórmula repetida, Diosa Delay eligió recorrer un camino distinto. La banda uruguayense, integrada por Luciano Miranda en voz, Guillermo Benítez en guitarra y Esteban Alba en bajo, entiende que la música comienza mucho antes del primer acorde y continúa después de la última canción. Por eso, cada presentación se transforma en una experiencia donde conviven distintas expresiones artísticas y donde el encuentro con el público ocupa un lugar tan importante como el repertorio.
La reciente presentación realizada en un espacio de capacidad limitada, con entradas agotadas, volvió a confirmar esa búsqueda. La noche combinó gastronomía, intervenciones teatrales, juegos participativos, ambientación artística y un recital en formato íntimo que permitió borrar la distancia habitual entre escenario y espectadores. No fue un detalle improvisado, sino el resultado de una idea que la banda viene desarrollando desde hace tiempo.
«Buscamos lugares íntimos y generar proximidad con la gente», explicó Esteban Alba durante la charla con LA CALLE. El objetivo, aseguró, es consolidar una comunidad alrededor del proyecto antes que sumar espectadores ocasionales. «Queremos salir del circuito de bares donde la música queda como un fondo mientras la gente come o conversa. El que viene a vernos sabe que viene a vivir una propuesta definida.»
Esa propuesta comienza incluso antes de que aparezcan los instrumentos. En el último encuentro, un anfitrión recibió a los asistentes con lecturas de tarot e intervenciones teatrales, mientras distintas consignas distribuidas en las mesas invitaban al diálogo entre desconocidos. También formó parte de la experiencia una instalación artística creada por el propio Alba a partir de un trabajo documental sobre familias ladrilleras entrerrianas, donde confluyen fotografía, video, textos y ambientación sonora. «Son pequeños guiños que predisponen de otra manera. La idea es que desde que alguien entra ya empiece a sentirse parte de algo», resumió.
Pero si el formato de los recitales resulta singular, la identidad musical de Diosa Delay también escapa a cualquier clasificación sencilla.
Las canciones nacen en el estudio casero que la banda montó para desarrollar su propio material. Allí comienzan a construirse las primeras bases electrónicas, sobre las que luego se incorporan percusiones, sintetizadores, guitarras y bajos hasta llegar a la versión definitiva.
«Las composiciones empiezan con bases electrónicas donde mezclamos instrumentos naturales, sobre todo percusión, con sintetizadores y máquinas de ritmo», contó Luciano Miranda. «Nos gusta jugar con sonidos de la naturaleza y escribir sobre cosas cotidianas de Entre Ríos: el río, los pájaros, el monte. Después aparecen las guitarras y el bajo hasta darle forma a cada tema.»
Ese universo sonoro incorpora elementos del folclore, pero también del funk, el rap, el rock, la música disco y la electrónica. El resultado es una propuesta alternativa que evita las etiquetas y que encuentra en la mezcla su principal identidad.
Guillermo Benítez aporta justamente ese puente entre las texturas electrónicas y la expresividad de las cuerdas. Uno de los integrantes con mayor trayectoria dentro del proyecto, participa tanto en la construcción armónica como en los coros que acompañan la voz principal. «Tratamos de acoplarnos a esa dinámica donde conviven sonidos acústicos con recursos tecnológicos. Mi trabajo es aportar las armonías desde la guitarra para complementar ese universo que va tomando forma durante la composición», explicó.
La producción también responde a una lógica independiente. Los propios músicos realizan las grabaciones en el estudio Miranda y luego envían el material para mezcla y masterización. Ese proceso ya dio origen a canciones como Aquaman del Uruguay, Invisible del Monte, Buscando Adentro, Fingiendo Demencia y Prisma, disponibles en plataformas digitales, mientras actualmente trabajan en cuatro nuevas composiciones que ampliarán ese repertorio.
Más allá del crecimiento artístico, Diosa Delay parece haber encontrado una forma distinta de entender el vínculo entre músicos y público. No se trata únicamente de presentar canciones, sino de construir espacios donde las personas puedan conversar, encontrarse y compartir una experiencia cultural completa. Quizás allí resida la principal originalidad del proyecto: en una época dominada por el consumo rápido y las propuestas fugaces, la banda apuesta por detener el tiempo durante unas horas para demostrar que un recital todavía puede convertirse en un lugar de encuentro. En esa búsqueda, profundamente independiente y con una identidad cada vez más definida, Diosa Delay continúa escribiendo una de las propuestas más originales de la escena musical de Concepción del Uruguay.













