Intento del lado B del 25 de Mayo

Este artículo intenta ser una crónica descriptiva, desde otro lugar, buscando destacar el lado B del 25 de mayo. No intenta generar un cambio paradigmático ni una investigación científica del hecho. Busca hacer un análisis, parafraseando a Saussure, sincrónico del hecho a través del estudio poco conocido de los personajes y de las clases sociales del momento en un proceso que marcó el destino de una nación incipiente.
Vamos con lo que aprendimos en la escuela: La revolución de mayo se da en un contexto particular de América Latina y el Caribe en los primeros años del siglo XIX, ya que, en 1804 Haití, por ejemplo, se independiza de Francia, en 1809 Quito nombra su primera junta de gobierno al igual que Chile en el mismo año, México inicia su guerra independentista. En 1811 Colombia se independiza y Paraguay estalla en una revolución luego del paso de Belgrano por ella. Esto se da, debido a la caída de la monarquía de Fernando VII, quien debido a lo que se conoce como la “farsa de Bayona”, es tomado prisionero de Napoleón, asumiendo como monarca de España, José Bonaparte, hermano del emperador francés, alias Pepe Botella, ya que se decía que tenía problemas con el alcohol, que en teoría no sería cierto, pero el apodo le quedó para la posteridad.
Volviendo a lo que era el Virreinato del Río de la Plata, para situar a la revolución en un espacio geográfico pero comparativo, debemos situarnos en la ciudad de Buenos Aires, que, para la época, tenía unos 40 mil habitantes, entre la ciudad y la campaña, que podríamos compararla en la actualidad con la vecina ciudad de Colón.
De estos habitantes, participaron en el cabildo abierto del 22 de mayo, aproximadamente unos 250 vecinos, es decir menos del 1% de la población. Claro está que la disposición geográfica de Buenos Aires era muy distinta a la actual y el territorio -de sur a norte- ocupaba solo unos dos kilómetros y poco más de un kilómetro -de este a oeste-.
Como sabemos, el 13 de mayo, llegaron noticias de la caída de la Junta de Sevilla, se convoca a un cabildo abierto el 22 de mayo, donde asistirían “la parte más sana y principal del vecindario”, ganando la postura de que el virrey cese en sus funciones, el bando español, busca de alguna manera cometer un fraude, al inventar una junta, pero bajo la presidencia del virrey Cisneros. La facción más radical encabezada por French y Beruti, los llamados “Chisperos” (por portar pistolas de chispa) rechazaron esta junta, reclamando la conformación de una nueva, de hecho, hasta Belgrano, que tenía poco de tibio, también argumentó que si el virrey para el 25 a las 3 de la tarde no renunciaba lo iba a tirar por la ventana de la fortaleza. El virrey presenta la renuncia y es así que llegamos al 25 de mayo, en donde después de varios tires y aflojes, con manifestaciones de “el pueblo quiere saber de qué se trata”, se presentan los nombres de una nueva Junta de gobierno, encabezada por siete criollos y dos españoles, naciendo así nuestro Primer Gobierno Patrio.

Los protagonistas de Mayo
Los revolucionarios, tuvieron como objetivo quitar al virrey del poder, pero una vez instaurada la Primera Junta, se percibieron las diferentes posturas respecto al cómo continuar. Hacemos aquí una descripción con datos curiosos de cada uno de ellos:
El presidente de la Junta, Cornelio Saavedra, llamado a liderarla por su autoridad moral y su influencia política, era el Jefe del cuerpo de Patricios, algo muy importante para el momento, ya que contar con las fuerzas armadas, brindaba la seguridad necesaria para eliminar cualquier intento de contrarrevolución. Algo que se conoce poco de él, es que había nacido en Otuyo, Potosí por lo que nuestro primer líder, no fue oriundo de una provincia actual argentina, sino que era originario de la actual Bolivia. Él era partidario de la participación de todas las gobernaciones e intendencias en las decisiones de las provincias y muy moderado en cuanto a no querer tomar decisiones que corten de manera drástica, nuestra relación con la metrópoli.
Por otro lado, estaba el secretario Mariano Moreno, considerado el más radical del grupo, que planteaba la idea de cortar de lleno con la metrópoli, con ideas de independencia y de mayor dureza con los opositores, más al estilo jacobino de la Revolución Francesa, algo que no era compartido por un grupo importante, ya que se había jurado fidelidad al rey Fernando VII. Lamentablemente, murió en marzo de 1811 en altamar, de manera dudosa luego de renunciar a la Junta, en un viaje diplomático hacia Inglaterra. Sus ideas eran de un adelantado de la época, tradujo el contrato social de Rousseau aquí una frase a destacar que lo representaba muy bien en su pensamiento: “si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte lugar de tiranos sin destruir la tiranía”.
De los integrantes de nuestro primer gobierno patrio, no todos eran criollos, había dos catalanes, como Juan Larrea y Domingo Matheu. El primero no era un hombre intelectual ni un letrado, pero si un buen comerciante, igual que don Domingo, que además de compartir la misma profesión, era considerado una persona honrada y generosa, amante de nuestro suelo, ya que, según sus propias palabras, “Buenos Aires era su legítima patria”.
Algunos fallecieron al poco tiempo de conformada la Junta, como el caso del sacerdote Manuel Alberti, que murió en enero de 1811 de un paro cardíaco, después de haber tenido una fuerte discusión en el fuerte de la ciudad, que era la casa de gobierno del momento, con otro personaje eclesiástico importante, el deán Gregorio Funes, que provenía de Córdoba y que se había incorporado a la Junta en esos días. Este hecho desagradecido muestra que los primeros pasos de nuestro gobierno patrio, se dieron en un clima de muchas tensiones, no como solemos ver en las imágenes de nuestros próceres, en donde se los percibe alegres y tranquilos.
Juan José Castelli, que fue el gran orador del cabildo abierto del 22 de mayo, otro de los considerados más revolucionarios, primo de Manuel Belgrano, murió en octubre de 1812 de un cáncer de lengua, mientras daba cuentas en Buenos Aires de su fracaso en la expedición al Alto Perú. De su orden, fueron fusilados varios contrarrevolucionarios que buscaban restaurar el orden anterior, incluido el exvirrey, héroe de la Reconquista, Santiago de Liniers.
Belgrano creador de la escarapela y la bandera, fue un actor principal en estos acontecimientos. Aceptó las vicisitudes de la vida militar, con entereza, pasión y convicción a la patria, cumpliendo con el pedido de hacerse cargo de la expedición al Paraguay, colaborando también desinteresadamente en beneficio del bien común, preocupándose por la economía, la educación y la salud. A nuestro entender, sigue siendo el gran ejemplo a imitar por todo argentino de bien.
Juan José Paso, otro de los secretarios, se destacó en el cabildo del 22, a partir de ahí tuvo una destacada actuación en los diferentes gobiernos patrios, ya que participó en los triunviratos y fue partícipe del Congreso de Tucumán, teniendo el honor de leer el acta de la declaración de la independencia, el mismo 9 de julio de 1816.
Finalmente, otro vocal fue el militar Manuel de Azcuénaga, quien se había destacado en las invasiones inglesas, considerado por sus pares como una persona con valores éticos. Fue desterrado por pertenecer al partido de Moreno.

La historia la escriben los que ganan y los alfabetizados: ¿Y las clases “bajas”?

El historiador Gabriel Di Meglio ha realizado en diferentes trabajos el análisis de las clases sociales y la situación por las que atravesaban. El esclavo era un actor que empezaba a emerger, a cobrar derechos, es decir, se terminaba el sistema de castas y con ello los derechos por color de piel, si bien la sociedad de ese entonces seguía siendo racista pasaban a ser iguales ante la ley, ese era uno de los objetivos de la Primera Junta y que se logró profundizar en la posterior Asamblea del Año XIII.
Para 1810, el 30% de la población era negra, parda o mulata. De ese 30% el 80% eran esclavos. Es un lugar donde el peso de esa población era importante.
En las clases populares, la participación fue más que limitada, de hecho, se habla poco de ellos, siendo una imagen gráfica, las figuritas escolares en donde solo solían ser parte del decorado. De hecho, conocer en profundidad lo que vivieron y pensaron las clases más bajas, es muy complicado, ya que eran analfabetas y no hay testimonios escritos de ellos. Para tener una idea en cuestiones de lectura y escritura en el Museo Histórico Nacional hay una copia del petitorio que se presentó el 25 de mayo al Cabildo diciendo: “queremos que renuncie la Junta presidida por el virrey para suceder al propio virrey”, y se formó lo que fue la Primera Junta, la cual cuenta con 400 firmas. Pero es interesante la firma de los famosos French y Beruti, que hicieron una aclaración pertinente, “por mí y en nombre de 600 más”. El primero que les dio la posibilidad de participación a los “sin voz”, fue Saavedra, una vez instaurada la Primera Junta, al buscar apoyo en las clases “bajas”, se convocó a los suburbios de la ciudad a la disputa política, presionando para que se vayan los diputados morenistas, gente analfabeta se moviliza a la Plaza de Mayo diciendo que ellos son el pueblo. Con el pasar del tiempo, se populariza la participación, no se requiere permiso para la entrada al cabildo (antes sí con esquelas), luego por cuestión de espacios empiezan a hacerlo en las iglesias, al estilo de democracia directa, de la cual los dirigentes empiezan a temer la participación popular.
En cuanto a las milicias, eran un grupo de participación popular, no eran un ejército profesional sino vecinos armados, obviamente “comandados” por los conocidos próceres, a los cuales se les fueron sumando estas clases más relegadas, creándose por ejemplo el batallón de “pardos y morenos” e incluso cuando la situación se tornó más complicada, se recurrió a una leva forzosa, como la que le tocó realizar a nuestro querido José de San Martín en Mendoza años más tarde.

Música, aseo, vestimenta y comunicación.
En cuanto a baile, el Minué, era muy popular y se bailaba en todas las clases sociales. En los barrios negros la música popular era el candombe. Cabe destacar, que el sistema de esclavos era más leve en Buenos Aires que en Brasil o Estados Unidos, por ejemplo, ya que no trabajaban en los cafetales o con el algodón, sino que en su gran mayoría eran empleados domésticos, tenían una vida más amena y tal vez se podían divertir de una manera más distendida.
En lo que refiere a instrumentos musicales, la guitarra era el instrumento que se escuchaba en los suburbios, así como los tambores, en los que se esmeraban los afroamericanos. Tener un piano, por ejemplo, era considerado un lujo, de hecho, según la tradición, el himno nacional, se interpretó en la casa de Mariquita Sánchez de Thompson, donde se solían hacer las principales tertulias de la época.
Los oficios que solíamos interpretar en los actos escolares, existían, tenían ciertas particularidades y porqués. Por ejemplo, estaban los vendedores de vela, que era un elemento esencial para la iluminación casera por las noches. Los aguateros que, desde el Río de la Plata extraían el agua que administraban para los hogares de la ciudad, los que vendían plumeros (debido a la polvareda que había en Buenos Aires, ya que sus calles eran de tierra). Como contrapartida a lo que solíamos interpretar, el tema de la venta de empanadas, estaba más complicado, ya que no era una comida típica de la ciudad de Buenos Aires y si fuera así, mantenerlas calientes era demasiado complicado.
En lo que es vestimenta, las clases altas, tardaban más de una hora en vestirse y se ocupaban varios sirvientes, el de clase baja usaba los que las demás clases medias y altas dejaban, algo así como en la actualidad.
El baño para la clase alta era una vez a la semana, aunque prácticamente era imposible bañarse, se requería sin dudas del aguatero para la provisión, imagínate el de clase baja.
En lo que respecta a la alimentación, si hablamos de carne, debemos decir que era muy barata porque lo que importaba era el cuero, el esclavo comía mucha carne, era muy económico a diferencia de la actualidad, si transportamos un esclavo al presente hubiese perdido un derecho adquirido.
Finalmente, si hablamos de comunicación, podemos decir que una noticia desde Europa tardaba unos tres meses en llegar, las correspondencias desde Lima a Buenos Aires llegaban en aproximadamente un mes y medio. Y hablando de esto, debemos sentirnos orgullosos, ya que Concepción del Uruguay fue el primer cabildo que se adhirió a la Primera Junta, de hecho, una calle de nuestra ciudad lleva el nombre de esa fecha, fue el 8 de junio de 1810, alguna ventaja debíamos tener al no estar tan lejos de la capital.

El legado
Se puede decir mucho de un hecho tan importante que marcó el inicio de gobiernos locales, empezar a tomar decisiones por nosotros mismos, no fue un camino fácil; muchas veces los objetivos de los protagonistas eran antagónicos, de hecho, tomó 6 años independizarnos y varios años más tener una constitución.
Sin lugar a dudas los protagonistas de esta época fueron distintos, a modo de ejemplo San Martín convocado por el Directorio para luchar con los caudillos del litoral, se niega y de forma contundente dice: “Mi sable jamás saldrá de la vaina por opiniones políticas” otra de las tantas frases a destacar: “ya que divididos seremos esclavos; unidos estoy seguro que los batiremos” (a los realistas). Belgrano por su parte no dudó en donar los premios en dinero para la construcción de escuelas, por haber triunfado en Tucumán y Salta. La última escuela fue la construida en la provincia de Jujuy la cual se terminó en 2004. Antes de morir se encontraba en situación de extrema pobreza, y como es sabido entregó su reloj como forma de pago a su médico. Más allá de morir pobre, es de destacar que en ese momento murió olvidado. Frases que quedarán en la memoria de los argentinos: “fundar escuelas es sembrar en las almas”, “mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”, “Me hierve la sangre al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la Patria”.
Vivimos en una sociedad cosmopolita, plagada de diferentes ideas, grietas por doquier en lo económico, en la salud y en la ideología. Patria se hace día a día, con cada uno de nuestros actos, no es necesario ser gobernante para incidir en cuestiones del país. Los próceres están en nuestro ADN argentino, con diferencias y similitudes afrontamos este camino. Corrió mucha sangre de patriotas y es tarea nuestra evitar que esto haya sido en vano.