Carlos Heller
La emisión monetaria entre febrero del año pasado y febrero de este año llegó al 39,76%, bastante menos que la mitad de la inflación. Paralelamente, el tipo de cambio oficial, el que se utiliza para las operaciones de comercio exterior, se incrementó en un 80,5% interanual, también por detrás de la inflación. El dólar ilegal, en tanto, aumentó un 78,6%, menos que el oficial, a pesar del bombardeo mediático que atiza su permanente suba. Lamentablemente, los salarios tampoco le pudieron ganar a la inflación y las tarifas aumentaron por debajo del incremento del resto de los precios. Es decir: ni la emisión monetaria, ni el tipo de cambio, ni los salarios, ni las tarifas actuaron como causantes del proceso inflacionario. Las causas son la puja distributiva y la especulación. En una economía que crece, la pelea por las porciones más grandes de la torta se produce a través del aumento de los precios. En cuanto al otro tema de la semana, el canje de bonos en dólares de la Anses a bonos en pesos, es necesario insistir hacer algunas consideraciones: más del 50% del gasto previsional en la Argentina es cubierto con impuestos. De todo lo que la ciudadanía aporta con sus tributos, una parte se destina a sostener un sistema previsional que no es sustentable en sí mismo. Son muchas las razones de esa no sustentabilidad: entre otras, el aumento del promedio de vida de la población y la disminución de la cantidad de trabajadores activos con relación a los pasivos. No sucede sólo en la Argentina. La mayor sustentabilidad del sistema reside en que el país siga creciendo y aumentando sus ingresos. Si sucediera lo contrario, el sistema previsional colapsaría. No por el canje de bonos sino por la insostenibilidad de las políticas públicas que no garantizan los recursos fiscales para sostener al sistema. Algunos referentes de la oposición señalan que van a recortar drásticamente el gasto previsional para, de ese modo, hacer posibles las bajas de impuestos que proponen. No se pueden bajar impuestos sin recortar gastos. Y, en la Argentina, no se puede recortar gastos sin afectar el sistema previsional. No hay mayor sustentabilidad para el sistema previsional que una economía en crecimiento, que produzca empleo de calidad y que aumente los ingresos. Si hoy el país no tuviera altos grados de informalidad, no tendría los problemas fiscales que tiene.










