Por Ariel Vercelli
Uno podría pensar, o al menos esperar, que los datos confidenciales, como los impositivos o las historias clínicas se guardan con sumo cuidado. Hace unas semanas, supimos que las empresas de declaración de impuestos de EE.UU. han estado compartiendo información confidencial de millones de contribuyentes con Meta (Facebook) y Google; algunas desde hace más de una década. Las empresas tecnológicas y algunos organismos gubernamentales compartieron los datos a través de “píxeles” de seguimiento que se utilizan con fines publicitarios, según un informe de investigación del Congreso de EE.UU. presentado el 12 de julio pasado. Todo comenzó en noviembre de 2022, cuando una investigación sobre empresas de declaración de impuestos como TaxAct, TaxSlayer y H&R block, reveló que estos sitios enviaban datos a Meta a través de “Meta Pixel”, un código informático de uso común incrustado en las webs para rastrear a los usuarios. A partir de ese descubrimiento se comprobó que las empresas tecnológicas tenían acceso desde 2011 a datos confidenciales, como los ingresos económicos de millones de personas, los montos que pagaban (o eludían) de impuestos. etc. Meta aseguró haber utilizado esos datos para dirigir publicidades a sus usuarios y Google para entrenar sus programas de IA. No se sabe en cuántos países lo hicieron. En el epicentro de la controversia se encuentran los píxeles de seguimiento: unos fragmentos de código que muchas webs incrustan para obtener más información sobre el comportamiento de los usuarios. Las webs que utilizan estos píxeles para recopilar información sobre sus usuarios y los comercializan. Así algunas empresas saben qué buscan o leen determinados usuarios, dónde hacen clic, etc. Esto es diferente a las cookies, que almacenan información sobre el usuario, su computadora y su comportamiento en cada web que visita. Los pixeles son más sofisticados y están camuflados. Es el modelo económico dominante en internet, que fomenta la recopilación de datos en aras de la publicidad selectiva y la personalización online. El usuario no sabe que las páginas que visita tienen píxeles y que sus datos personales están siendo clasificados para trazar un perfil de sus gustos o intereses, no sólo los suyos sino los de sus contactos también. Los consumidores son más o menos conscientes de cuántos datos ofrecen de manera directa cuando visitan una web o descargan una app. Pero la mayoría ignora cuántas empresas operan entre bastidores para recopilar sin autorización datos sensibles, conectarlos y venderlos.










