Esteban Echeverría (Segunda Parte)

José Antonio Artusi
Arquitecto – Docente

Para quienes siguieron la primera entrega publicada la semana pasada en La Calle, esta segunda parte retoma y profundiza el análisis del pensamiento económico y político de Esteban Echeverría, poniendo el foco en sus críticas al proteccionismo, a la desigualdad ante la ley y a la apropiación injusta de la riqueza social. José Antonio Artusi continúa así un recorrido que dialoga con debates de ayer y de hoy, invitando al lector a completar una reflexión que sigue interpelando a la Argentina contemporánea.

Echeverría ve mucho más allá y más nítido que sus contemporáneos: “Verdad es que los campos y haciendas han tomado después de la revolución un valor infinitamente mayor que el que antes tenían, merced a la libertad de comercio; pero este valor no es debido a ninguna transformación en la cría de animales ni en los productos de nuestra industria, sino a la concurrencia del estrangero en demanda de esos frutos, y al aprecio y estimación que de ellos hace. Debemos esa riqueza, más a la naturaleza que a nuestra industria y trabajo”.



Industria, comercio y la crítica al proteccionismo

Pero, además, anticipándose a las taras proteccionistas y aislacionistas, señala con visión de futuro que “la industria que no se vale activamente a sí misma para producir, no es industria, es el apetito del salvaje que sólo se mueve para recoger el fruto o perseguir la caza”. Es imposible no sentirse tentado a agregar “en el zoológico”. Continúa Esteban Echeverría: “Por lo demás, lo que la industria requiere para prosperar no son restricciones y trabas sino fomento y libertad. Cada hombre puede ejercer la que le parezca y del modo que le convenga, con tal que no dañe el derecho de otro, que también lo tiene para gozar de la misma libertad. Otorgar privilegios, poner restricciones es destruir la igualdad y la libertad, sofocar las facultades del hombre violar un derecho sagrado, suyo, y atentar a la más sagrada de las propiedades, su sudor, su trabajo personal”.

Héctor Sandler se lamenta de que “este gran principio de orden, base necesaria para una economía de mercado en libre concurrencia y de una economía pública solvente, no fue receptado por la legislación dictada para concretar los mandatos de la Constitución Nacional de 1853 – 60. En consecuencia, la constitución del país real resultó, desde un principio, distinta a la diseñada y programada en nuestra magnífica ley fundamental”.

Sandler concluye que “tomar conciencia de los efectos del olvido de la institución recomendada por Echeverría es el primer paso, inevitable, para iniciar la reconstrucción de la Argentina”.

Impuestos, desigualdad y la deuda con el pueblo

Por “impuesto territorial” Echeverría se refiere según el mencionado autor a aquel tributo que grava el valor del suelo, independientemente de cualquier mejora o construcción que su propietario desarrolla sobre él. No es otra cosa que un intento del Estado por recuperar lo que ha sido generado por el esfuerzo de la comunidad, o sea la valorización del suelo, a la par que se mantiene lo menos gravado posible -idealmente no gravado en absoluto – el fruto del trabajo y de la inversión de capital, que por otra parte no es más que trabajo acumulado. El pensamiento económico de Echeverría se inscribe de esta manera en una egregia tradición, que va desde los fisiócratas franceses y los liberales clásicos británicos, cuyo pensamiento fue receptado aquí por Belgrano y Rivadavia, hasta   economistas y políticos que intentaron rescatar y valorar ese legado doctrinario desde el siglo XIX hasta nuestros días.

Estado, poder y la responsabilidad de gobernar

Culminemos dejando que Echeverría nos vuelva a hablar con sus propias palabras:

“… el recurso precario de las importaciones y exportaciones estranjeras. Además, este impuesto indirecto no solo es precario sino monstruosamente injusto por que recae principal mente sobre el mayor número de consumidores, sobre los pobres. ¿Pero cuándo nuestros gobiernos, nuestros legisladores se han acordado del pueblo, de los pobres? ¿Cuándo han echado una mirada compasiva a su miseria, a sus necesidades, a su ignorancia, a su industria? Nada, absolutamente nada han hecho por él, y antes al contrario, parece haberse propuesto tratarlo como a un enjambre el ilotas o siervos”.

“Los habitantes de nuestra campaña han sido robados, saqueados, se les ha hecho matar por millares en la guerra civil. Su sangre corrió en la de la independencia, la han defendido, la defenderán, y todavía se les recarga con impuestos, se les ponen trabas a su industria, no se les deja disfrutar tranquilamente de su trabajo ni de su propiedad… Se ha proclamado la igualdad y ha reinado la desigualdad más espantosa: se ha gritado libertad y ella sólo ha existido para un cierto número; se han dictado leyes, y estas sólo han protegido al poderoso. Para el pobre no hay leyes, ni justicia, ni derechos individuales, sino violencia, sable, persecuciones, injustas. Él ha estado siempre fuera de la ley”.

“Y a juzgar por los resultados que han dejado en pos de sí, ¿cómo calificar la imperturbable serenidad e impavidez conque tantos hombres vulgares se han sentado en la silla del poder y arrastrado la pompa de las dignidades? ¿Se creyeron muy capaces, o pensaron que eso de gobernar y dictar leyes no requiere estudio ni reflexión y es idéntico a cualquier negocio de la vida común? La silla de poder, señores, no admite medianía, porque la ignorancia y errores de un hombre pueden hacer cejar de un siglo a una nación y sumirla en un piélago de calamidades. La ciencia del estadista debe ser completa, porque la suerte de los pueblos gravita en sus hombros”.

“No hay igualdad, donde la clase rica se sobrepone, y tiene más fueros que las otras. Donde cierta clase monopoliza los destinos públicos. Donde el influjo y el poder paraliza para unos la acción de la ley, y para otros la robustece. Donde sólo los partidos, no la Nación son soberanos. Donde las contribuciones no están igualmente repartidas, y en proporción a los bienes e industria de cada uno. Donde la clase pobre sufre sola las cargas sociales más penosas, como la milicia, etc. Donde el último satélite del poder puede impunemente violar la seguridad y la libertad del ciudadano. Donde las recompensas y empleos no se dan al mérito probado por hechos. Donde cada empleado es un mandarín, ante quien debe inclinar la cabeza el ciudadano. Donde los empleados son agentes serviles del poder, no asalariados y dependientes de la Nación. Donde los partidos otorgan a su antojo títulos y recompensas. Donde no tienen merecimientos el talento y la probidad, sino la estupidez rastrera y la adulación. Es también atentatorio a la igualdad, todo privilegio otorgado a corporación civil, militar o religiosa, academia o universidad; toda ley excepcional y de circunstancias.”

“La libertad es el derecho que cada hombre tiene para emplear sin traba alguna sus facultades en el conseguimiento de su bienestar, y para elegir los medios que puedan servirle a este objeto. El libre ejercicio de las facultades individuales no debe causar extorsión ni violencia a los derechos de otro. No hagas a otro lo que no quieras te sea hecho: la libertad humana no tiene otros límites.”

“El Estado, como cuerpo político, no puede tener una religión, porque no siendo persona individual, carece de conciencia propia”.         

 

Fuentes:

Bosch, Beatriz. «Urquiza o la Constitución.» En Polémica. Primera Historia Argentina Integral. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1970.

Echeverría, Esteban. Obras completas. Buenos Aires: Carlos Casavalle Editor, 1874.

Sandler, Héctor Raúl. A la búsqueda del tesoro perdido. Buenos Aires: ICE, 2008.

Weinberg, Félix. «La Asociación de Mayo y el Dogma Socialista.» En Polémica. Primer Historia Argentina Integral . Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1970.