El rugby como herramienta de inclusión detrás de los muros

Una experiencia que comenzó como una actividad deportiva dentro de la Unidad Penal N° 9 de Gualeguaychú se transformó en un proyecto que busca trabajar sobre la disciplina, el compañerismo y la reinserción. Los internos ya disputaron cuatro encuentros con jugadores de Central Entrerriano y proyectan un nuevo partido antes de fin de año.

El rugby encontró en la Unidad Penal N° 9 “Granja Penal El Potrero” de Gualeguaychú un escenario diferente al habitual. Allí, un grupo de internos comenzó hace algunos años a entrenar y encontró en este deporte una herramienta para generar vínculos, asumir responsabilidades y compartir experiencias con personas que viven una realidad completamente distinta.



La iniciativa fue creciendo con el tiempo y permitió que los internos que integran el equipo denominado “Caranchos” pudieran salir de la unidad, con las correspondientes autorizaciones judiciales, para disputar partidos frente al plantel superior del Club Central Entrerriano.

Ya fueron cuatro los encuentros realizados y la intención es concretar un quinto antes de que finalice el año.

Más allá del resultado deportivo, el proyecto apunta a generar un espacio donde los participantes puedan incorporar y fortalecer valores propios del rugby, como el respeto, la disciplina, el compromiso, el compañerismo y el trabajo en equipo.

Los internos entrenan dos veces por semana y la conformación del equipo también representa un estímulo para quienes participan, ya que la continuidad y el compromiso durante las prácticas forman parte del proceso.

Un vínculo que trasciende la cancha

Uno de los aspectos más importantes de la experiencia es el vínculo generado con Central Entrerriano. Los encuentros permiten que los internos compartan una actividad con jugadores de la comunidad y que, durante el partido, las diferencias propias de cada realidad queden momentáneamente relegadas.

El rugby plantea reglas comunes, responsabilidades compartidas y la necesidad de trabajar por un objetivo colectivo. En ese contexto, la cancha se convierte en un espacio de encuentro y no solamente de competencia.

La experiencia reconoce como antecedente el trabajo de Fundación Espartanos, organización que desde 2009 utiliza el rugby en contextos de encierro como parte de un proceso que también incorpora educación, trabajo y acompañamiento.

En Gualeguaychú, el proyecto busca desarrollar su propio camino y adaptarse a las características de la Granja Penal El Potrero, fortaleciendo el vínculo entre la institución penitenciaria y las organizaciones de la comunidad.

Más que un partido

Desde el área social de la Unidad Penal N° 9 remarcan la importancia de sostener este tipo de experiencias en el tiempo. La intención es que cada encuentro forme parte de un proceso que incluya entrenamiento, preparación, competencia y reflexión.

El objetivo también está relacionado con la posibilidad de generar nuevos hábitos entre los participantes y ofrecer herramientas que puedan resultar útiles una vez que recuperen su libertad.

En ese sentido, el proyecto trasciende lo deportivo. No se trata solamente de aprender a jugar al rugby, sino de generar responsabilidades, fortalecer vínculos y recuperar la posibilidad de formar parte de un equipo.

Desde la unidad penitenciaria también trabajan con la expectativa de contar próximamente con una cancha propia, lo que permitiría darle mayor continuidad a la propuesta y ampliar la cantidad de internos que puedan participar.

Una experiencia que merece ser mirada

La iniciativa desarrollada en Gualeguaychú vuelve a poner en discusión el papel que pueden cumplir el deporte y las instituciones de la comunidad en los procesos de reinserción social.

La privación de la libertad implica una sanción, pero el tiempo de encierro también puede convertirse en una instancia para incorporar herramientas que permitan afrontar una futura vuelta a la sociedad con mayores posibilidades.

En ese camino, el rugby aparece como un instrumento concreto. Una pelota no cambia por sí sola una realidad, pero puede generar un espacio donde vuelvan a aparecer el compromiso, la responsabilidad, el compañerismo y la confianza.

UNA MIRADA | Cuando el rugby enseña que la fuerza también puede ser respeto

Durante años, el rugby cargó con un prejuicio difícil de despegar: el de ser un deporte asociado a la violencia y a jugadores considerados agresivos. Sin embargo, alcanza con mirar qué ocurre dentro de una cancha para encontrar otra definición posible.

El rugby es un deporte de contacto, sí. Hay golpes, disputa física y una exigencia que muchas veces lleva el cuerpo al límite. Pero también existe algo que resulta imposible sostener sin disciplina, respeto por el adversario, compañerismo y control de uno mismo.

Y quizás la experiencia que se desarrolla en la Granja Penal El Potrero sea una de las formas más contundentes de comprobarlo.

Si un deporte que muchas veces es señalado como “violento” puede convertirse en una herramienta para trabajar valores, generar responsabilidades, construir vínculos y acompañar procesos de reinserción, entonces probablemente el problema esté en la mirada con la que muchas veces se lo juzga.

El rugby no elimina el contacto ni pretende hacerlo. Su particularidad está en que enseña a convivir con ese contacto dentro de reglas muy claras. Enseña que se puede ser fuerte sin perder el respeto, competir sin destruir al otro y defender una camiseta entendiendo que el equipo siempre está por encima del individuo.

Tal vez por eso esta historia merezca ser contada. Porque detrás de los muros de una cárcel, un grupo de personas encuentra en una pelota ovalada una oportunidad para volver a sentirse parte de algo. Y afuera de esos muros, quienes miramos muchas veces al rugby desde los prejuicios tenemos también una oportunidad: la de entender que la fuerza y la violencia no son sinónimos.

En definitiva, quizás el rugby no sea un deporte de violentos. Quizás sea un deporte que, bien entendido, enseña precisamente lo contrario: a controlar la fuerza, respetar al otro y entender que nadie gana solo.

Para ampliar

La experiencia fue abordada por Mirador Provincial en un informe que reúne detalles sobre el proyecto, sus protagonistas y los encuentros disputados entre los internos de la Unidad Penal N° 9 y jugadores de Central Entrerriano.

Leé la nota original de Mirador Provincial: “El rugby volvió a derribar muros y prejuicios en Gualeguaychú”

El próximo encuentro, previsto antes de fin de año, será un nuevo capítulo de esta experiencia. Y quizás allí esté el verdadero valor de la propuesta: que cada partido no termine cuando suena el silbato, sino que deje algo que pueda continuar fuera de la cancha.