Antes de discutir quién, discutamos hacia dónde

Por Pablo Presas (*)

En las últimas semanas comenzaron a aparecer las primeras señales de una nueva etapa política. Se habla de alianzas, de candidaturas, de nombres y de estrategias. Es natural. La democracia funciona así y cada espacio político empieza a prepararse para los desafíos que vienen.

Pero mientras esa conversación gana espacio, me pregunto si no estaremos dejando pendiente una discusión todavía más importante.



¿Hacia dónde queremos que vaya Concepción del Uruguay durante los próximos veinte años?

Porque las elecciones eligen gobiernos, pero las ciudades progresan cuando logran sostener un rumbo que trasciende a los gobiernos.

Los nombres son importantes. Las personas también. Pero ninguna ciudad transforma su realidad únicamente porque cambia un intendente o un partido político. Las ciudades cambian cuando una comunidad logra construir una visión compartida sobre el futuro que desea y mantiene ese rumbo a lo largo del tiempo, aun cuando cambien los dirigentes.

Quizás haya llegado el momento de empezar esa conversación.

Nuestra ciudad tiene una historia extraordinaria. Fue protagonista de algunos de los capítulos más importantes de la organización nacional. Supo ser un centro político, educativo, comercial y cultural de enorme relevancia. Contamos con universidades, industrias, emprendedores, profesionales, clubes, instituciones y un patrimonio histórico que muchas ciudades envidiarían.

Sin embargo, la historia, por sí sola, no garantiza el futuro.

Cada generación recibe un legado, pero también tiene la responsabilidad de construir uno nuevo.

Por eso, más que preguntarnos quién gobernará dentro de dos años, deberíamos preguntarnos qué ciudad queremos dejar dentro de veinte.

¿Queremos una ciudad que siga perdiendo jóvenes porque sienten que las oportunidades están en otro lugar? ¿O una ciudad capaz de atraer talento, inversiones y nuevos proyectos?

¿Queremos seguir reaccionando ante las urgencias o empezar a planificar el largo plazo?

¿Queremos discutir solamente el presupuesto del año próximo o pensar cómo será la economía local en 2045?

Son preguntas incómodas, pero imprescindibles.

Vivimos una época de cambios profundos. La inteligencia artificial ya está transformando el empleo. El trabajo remoto permite que muchas personas elijan dónde vivir sin depender de la ubicación de su empresa. Las ciudades compiten por atraer conocimiento, innovación, turismo, calidad de vida y capital humano mucho más que por atraer grandes fábricas como ocurría décadas atrás.

El mundo está cambiando.

La pregunta es si nosotros estamos cambiando con él.

Creo que Concepción del Uruguay tiene enormes fortalezas para aprovechar esta nueva etapa. Contamos con una tradición educativa que nos distingue desde hace más de un siglo y medio. Tenemos universidades, una ubicación estratégica, una riqueza natural excepcional, una identidad histórica única y una comunidad con enorme capacidad emprendedora.

Pero esas fortalezas necesitan transformarse en una estrategia.

Ninguna ciudad se desarrolla por casualidad.

Detrás de cada comunidad que logró dar un salto de calidad hubo dirigentes capaces de pensar más allá de una gestión y ciudadanos dispuestos a sostener objetivos comunes durante muchos años.

No existe desarrollo sin continuidad.

Y la continuidad no significa que todos pensemos igual. Significa que podamos construir algunos acuerdos básicos que sobrevivan a los cambios políticos.

Por ejemplo, que la educación sea una prioridad permanente.

Que la planificación urbana no dependa del color político del gobierno de turno.

Que la infraestructura responda a un plan de ciudad y no solamente a las urgencias del momento.

Que la innovación y la economía del conocimiento formen parte de una estrategia de desarrollo.

Que cuidar nuestros espacios públicos, nuestro patrimonio histórico y nuestro ambiente sea una política compartida.

Que las reglas sean claras para quienes quieren invertir, emprender o generar empleo.

Nada de esto pertenece a un partido político.

Pertenece al futuro de la ciudad.

Muchas veces discutimos como si el desarrollo dependiera exclusivamente del Estado. No es así. Las ciudades más exitosas son aquellas donde el sector público, el sector privado, las universidades, las organizaciones sociales y los vecinos logran trabajar con objetivos comunes.

El desarrollo es una construcción colectiva.

Quizás ese sea uno de los grandes desafíos de nuestra generación.

Pasar de administrar la ciudad a proyectarla.

Porque administrar bien es indispensable, pero ya no alcanza.

Necesitamos imaginar cómo queremos que sea Concepción del Uruguay dentro de veinte años y empezar hoy mismo a recorrer ese camino.

Las obras públicas serán importantes.

Las cuentas ordenadas también.

La transparencia seguirá siendo fundamental.

Pero todo eso debe responder a un propósito mayor.

Cada decisión que tomemos debería responder una pregunta muy simple: ¿esto acerca a la ciudad que queremos construir?

Estoy convencido de que los próximos años ofrecen una oportunidad extraordinaria.

No porque vayan a desaparecer los problemas. Ninguna ciudad vive sin dificultades.

La oportunidad está en que podemos empezar a discutir algo diferente.

No solamente quién gobernará.

Sino cuál será el rumbo que queremos sostener entre todos.

Dentro de algunos años habrá otros intendentes, otros concejales, otros funcionarios y, probablemente, otros partidos gobernando. Así funciona la democracia, y eso es saludable. Pero más importante aún es que Concepción del Uruguay tenga un rumbo tan claro que ningún cambio de gobierno implique volver a empezar de cero.

Quienes hoy tenemos responsabilidades públicas debemos ayudar a resolver los problemas del presente, dejando de lado las vanidades y las mezquindades políticas. Pero también tenemos la obligación de contribuir a construir el futuro.

Porque las elecciones definen quién gobernará los próximos cuatro años. El verdadero liderazgo, en cambio, se mide por la capacidad de ayudar a construir los próximos veinte.

(*) concejal y economista