La referente del MST y del Frente de Izquierda Unidad en Entre Ríos analiza el escenario político, los reclamos de los trabajadores, las movilizaciones sociales y los desafíos de la izquierda frente al año electoral 2027.
Por: Matías Dalmazzo
En un escenario atravesado por conflictos laborales, reclamos sociales y discusiones sobre el rumbo político del país, la izquierda busca fortalecer su organización y construir una alternativa frente al Gobierno nacional y las políticas provinciales. En ese contexto, el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) y el Frente de Izquierda Unidad mantienen su participación en distintas movilizaciones y espacios de lucha en Entre Ríos.
En diálogo con La Calle, Nadia Burgos, referente de ambos espacios en la provincia, repasó el presente de la militancia, cuestionó la situación de los trabajadores estatales y privados y planteó los desafíos de cara a 2027.
—¿Cómo está hoy el MST en Entre Ríos y cuáles son las acciones de militancia previstas para lo que queda de 2026?
—Estamos cerrando un año atravesado por numerosos ataques a nuestros derechos laborales, ambientales, sociales, políticos y sindicales. Frente a este escenario, seguimos impulsando la organización y la lucha. Durante estos meses hubo instancias importantes de movilización contra las políticas del Gobierno nacional y sus réplicas en Entre Ríos, de la mano de Frigerio. Podemos mencionar la marcha universitaria del 6 de agosto, la movilización contra la extranjerización de la tierra, que tuvo otra convocatoria el 15 de octubre, y la Marcha de la Bronca del 19 de septiembre, impulsada desde la izquierda.
—¿Cuáles son los principales reclamos que atraviesan hoy a los trabajadores entrerrianos?
—Hay una situación muy difícil. Los trabajadores de la salud, estatales y docentes tenemos salarios muy por debajo de lo necesario para cubrir la canasta básica. A eso se suman los ataques a los derechos sindicales: se prohíben las asambleas docentes, se descuentan los días de paro y se ponen trabas a la organización de los trabajadores estatales.
También seguimos reclamando el pase a planta permanente, la realización de concursos para mejorar las categorías y paritarias en condiciones adecuadas. Sin embargo, volvimos a recibir un aumento por decreto. Todo esto, además, repercute en los haberes jubilatorios a partir de la reforma previsional. A su vez, los presupuestos de salud y educación tampoco muestran perspectivas de mejora. Si observamos el presupuesto provincial para 2027, que defiende el ministro de Economía, Boleas, no encontramos respuestas para revertir esta situación.
—¿Y qué ocurre en el sector privado?
—También hay mucha preocupación. El caso de los trabajadores de Tres Arroyos, que llevan más de seis meses de incertidumbre, es un ejemplo concreto de la precariedad laboral, salarial y de derechos que atraviesan los trabajadores de Entre Ríos.
—Frente a este panorama, ¿cuál es la estrategia del MST y del Frente de Izquierda?
—Como parte del Movimiento Socialista de los Trabajadores y del Frente de Izquierda Unidad, seguimos acompañando cada una de las luchas en curso. Apostamos a unificar esos reclamos para avanzar hacia una gran huelga general que pueda ponerle un freno a las políticas de ajuste.
Al mismo tiempo, tenemos la responsabilidad de construir una alternativa política que defienda los intereses de los trabajadores, la juventud, las mujeres, las disidencias y los jubilados. Necesitamos un programa que ponga esas necesidades en el centro y deje de priorizar el pago de la deuda externa, los negociados y los sectores económicos más concentrados, así como los intereses de Trump y de los sectores imperialistas.
La discusión de fondo es cómo garantizar que las familias tengan comida en sus mesas, accedan a una vivienda digna y cuenten con salarios que permitan no solamente llegar a fin de mes, sino también recuperar una vida digna.
—¿Cómo se prepara el espacio para las elecciones del año que viene? ¿Trabajan en candidaturas o en acuerdos con otros sectores?
—Somos parte del Frente de Izquierda Unidad, junto con el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), el Partido Obrero e Izquierda Socialista. Desde el MST creemos que hoy la prioridad es enfrentar las políticas de Milei mediante la organización y la movilización en las calles, antes que concentrarnos en las candidaturas para el año próximo.
Tenemos que dar esa pelea frente a los presupuestos de ajuste, el avance sobre nuestros recursos naturales y la entrega de territorios al agronegocio. También frente a los intentos de silenciar a quienes investigan sus consecuencias sobre la salud de la población, como ocurrió con la científica Virginia Aparicio, apartada del INTA. Se priorizan las ganancias y la concentración de la tierra por encima de la vida y de la producción de alimentos sanos.
—También mencionás un escenario de creciente violencia social. ¿Qué lectura hacen desde el MST?
—Nos preocupa el aumento de los discursos de odio y su expresión en situaciones concretas, como los crímenes de odio y los femicidios. Hoy tenemos que lamentar otro caso, el de Nancy Godoy, una docente rural, que también expone la responsabilidad del Estado y de los gobiernos cuando abandonan a las trabajadoras y no garantizan condiciones para prevenir estas situaciones de violencia extrema.
Quiero expresar mi solidaridad con las docentes que sostienen la educación pública en un contexto de constantes ataques, muchas veces en condiciones muy difíciles. También con los periodistas, frente a las declaraciones y agresiones de Milei. Creemos que es necesario organizar la resistencia en las calles y avanzar hacia una huelga general. En ese sentido, cuestionamos a la CGT, la CTA y las centrales sindicales porque no se ponen al frente de las movilizaciones ni convocan a profundizar las medidas de fuerza.
—¿Qué lugar ocupa la juventud en esa construcción política?
—Nos da esperanza ver cómo los jóvenes de otros países, incluso de potencias capitalistas como Francia y España, salen a las calles a manifestarse. Son generaciones a las que les están condicionando el presente y quitando perspectivas de futuro. Por eso entendemos que tienen que organizarse y defender la posibilidad de acceder a una vida más digna.
—De cara a 2027, ¿qué alternativa política proponen construir y bajo qué acuerdos?
—A medida que se acerquen las elecciones, tenemos que sostener la construcción de un nuevo movimiento político de izquierda, que funcione como un tercer espacio y convoque masivamente a organizar las luchas de manera coordinada y unitaria.
Esa construcción debe tener un programa anticapitalista que enfrente a los sectores más poderosos. Planteamos la nacionalización de la banca y del comercio exterior, la recuperación de los recursos y servicios privatizados, incluida la hidrovía, y la discusión sobre qué producir, cómo y para quién. También proponemos un aumento generalizado de salarios y jubilaciones, el reparto de las horas de trabajo, la expropiación de las fábricas que cierran y la defensa de cada puesto laboral.
Creemos que la política debe poner en el centro las necesidades de los trabajadores y de nuestros territorios. La izquierda es el sector que hoy plantea claramente el rechazo al FMI y sostiene que la deuda prioritaria es la que el Estado tiene con el pueblo.
Por eso, los acuerdos con otros espacios deben ser programáticos y partir de una perspectiva de país. No alcanza con cerrar acuerdos electorales con sectores que después terminan acompañando las políticas del Gobierno. Lo vimos a nivel nacional, pero también en Entre Ríos, donde distintos sectores que se presentan como oposición aportaron sus votos para aprobar la reforma jubilatoria, el RIGI, el RINI, la ley de agrotóxicos y la entrega de nuestra obra social.
—¿Qué lectura hacen de la victoria de Lula da Silva en Brasil y qué impacto puede tener en la política argentina y entrerriana?
—El pueblo brasileño demostró que a la ultraderecha se la enfrenta con organización, movilización y participación popular. La derrota de Bolsonaro representa un freno político importante y una señal para toda Latinoamérica. Ahora, el desafío de Lula es responder a las demandas de los trabajadores, priorizando sus necesidades y dejando atrás las políticas de ajuste. Creemos que esa experiencia también debe servirnos en Argentina y Entre Ríos: la construcción de una alternativa política debe partir de la organización popular y no de los intereses de las corporaciones o el imperialismo.












