Entre la gloria y la masacre: el 1° de mayo y las dos caras del «bautismo de fuego» de la Fuerza Aérea Argentina

Por Marcos Acosta (*).

El viernes pasado, como cada 1° de mayo, mientras el mundo conmemora el Día de los Trabajadores, en Argentina se celebra el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina en la Guerra de Malvinas, pero un debate político-historiográfico persiste sin resolverse: ¿fue el ataque contra la flota británica en 1982 la primera acción en combate de la fuerza, o casi tres décadas antes, el 16 de junio de 1955, los aviones que bombardearon la Plaza de Mayo y asesinaron a más de 300 civiles ya habían escrito, con la sangre del pueblo argentino, la primera página de su historia?



El relato oficial: Malvinas como acto fundacional

Para la Fuerza Aérea Argentina, la respuesta es una: El 1° de mayo de 1982, en el marco del conflicto del Atlántico Sur, la fuerza protagonizó aquello que denomina su «bautismo de fuego». Según la versión oficial, ese día se produjo la primera acción en combate de la institución. Aquella jornada, los aviones argentinos realizaron 67 incursiones en misiones de cobertura y ataque a blancos navales británicos en aguas de Malvinas.

La madrugada había comenzado con el bombardeo británico sobre la Base Aérea Militar Malvinas (la llamada «Operación Black Buck»), que dejó como saldo los primeros dos muertos de la fuerza: los soldados Guillermo Ubaldo García y Héctor Ramón Bordón. Por la tarde, los Mirage 5 Dagger despegaron desde Puerto San Julián para atacar a la flota británica que se aproximaba a la costa de la Isla Soledad. Ese día murieron 13 oficiales, suboficiales y dos conscriptos de la Fuerza Aérea Argentina. Desde entonces, cada 1° de mayo la institución conmemora ese bautismo de fuego como un hito de valor, sacrificio y entrega por la patria, pero ¿Qué pasaría si esta fecha en realidad se plantea para hacer «memoria selectiva» y un lavado de cara sobre otra fecha igual de significativa?

La otra fecha: el bombardeo de Plaza de Mayo

Existe una fecha que disputa ese lugar fundacional. El 16 de junio de 1955, la Armada Argentina, con apoyo de sectores de la Fuerza Aérea, encabezó un ataque que tenía como objetivo principal asesinar al presidente Juan Domingo Perón y a los miembros de su gabinete para consumar un golpe de Estado.

Aquel jueves frío y nublado, aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea bombardearon la Plaza de Mayo y la Casa de Gobierno en pleno centro de Buenos Aires. Lanzaron más de cien bombas con entre 9 y 14 toneladas de explosivos sobre una población civil que nada tenía que ver con el enfrentamiento. El ataque dejó un saldo de más de 300 muertos y más de 1.200 heridos. Los pilotos llevaban pintada en sus aviones la insignia «Cristo Vence», en un inequívoco mensaje de complicidad con la alta jerarquía católica de aquel momento.

Como señala el análisis del académico Carlos Ciappina, de la Facultad de Periodismo de la UNLP, «el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea se hará contra el propio pueblo argentino. Así, Buenos Aires se convertirá en la primera ciudad abierta del mundo en ser bombardeada por la aviación (su propia aviación) sin declaración de guerra, sin estar el país en conflicto armado externo o interno».

Las diferencias que señalan quienes marcan el debate

Quienes defienden la tesis del bombardeo de 1955 como el verdadero bautismo de fuego sostienen que técnicamente fue la primera vez que la Aviación Naval y sectores de la Aeronáutica entraron en combate real, aunque fuera contra su propio pueblo. En cambio, la Fuerza Aérea Argentina (creada como fuerza independiente recién en 1945 y consolidada como tal en las décadas siguientes) construyó su relato institucional sobre Malvinas, un conflicto que le permitió forjar una identidad ligada al combate contra un enemigo externo y por una «causa nacional».

Hacer historia es hacer política

El contraste es brutal y, quizás por eso mismo, el debate nunca se salda. Por un lado, una fuerza que bombardeó a su propio pueblo en un intento de golpe de Estado. Por el otro, pilotos que enfrentaron a una de las principales potencias de la OTAN en condiciones de enorme desventaja tecnológica. Ambas acciones fueron reales. Ambas forman parte de la historia de la Fuerza Aérea Argentina.

El historiador Mauricio Mackinze señala que el bombardeo de Plaza de Mayo fue, en rigor, «el bautismo de fuego de la Aviación Naval contra su pueblo», mientras que «la Fuerza Aérea en 1982 en la guerra de las Malvinas contra los ingleses y EEUU» tuvo el suyo. La distinción de fuerzas, sin embargo, no alcanza para despejar la controversia, ya que en 1955 tanto la Aviación Naval como sectores de la Aeronáutica —entonces aún bajo la órbita del Ejército— participaron del ataque.

Lo que está en juego va más allá de una fecha. Estamos hablando del sentido mismo de la institución militar: ¿Puede llamarse «bautismo de fuego» a una masacre contra civiles desarmados? ¿Qué héroes pueden surgir de esto? ¿Qué dice de la Fuerza Aérea Argentina el hecho de que su primera intervención armada haya sido contra el pueblo que supuestamente debía defender? ¿Esto no reduciría al ejército a nada más que un escudo que defiende los intereses de quienquiera que esté de turno, a costa de la muerte de cientos de argentinos? La respuesta, en Plaza de Mayo y en Malvinas, pareciera ser que sí.

Un aniversarios, dos memorias

Mientras la Fuerza Aérea Argentina conmemora este 1° de mayo un nuevo aniversario de su bautismo de fuego en Malvinas, varios organismos de Derechos Humanos recuerdan a las víctimas del mayor atentado terrorista de la historia argentina perpetrado por las propias fuerzas armadas contra la población civil.

La disputa por el bautismo de fuego es, en última instancia, la disputa por la identidad de la institución. ¿La forjaron los pilotos que enfrentaron a la flota británica en el Atlántico Sur o los que ametrallaron a su propio pueblo en Plaza de Mayo? Como en la mayoría de los temas que competen a la historia argentina, la respuesta siempre es más compleja y quizás no sea una sola. Pero la pregunta, 71 años después del bombardeo y 44 años después de Malvinas, sigue interpelando a la Fuerza Aérea Argentina y a la sociedad toda. Mientras estas preguntas no se respondan, cada 1° de mayo será, para algunos, día de homenaje a los héroes de Malvinas; y para otros, la memoria del lavado de cara a la masacre del ’55. Y para muchos, quizás ambas cosas a la vez.

(*) Marcos Acosta es estudiante del Profesorado de Historia en la FHAYCS de UADER y escritor para el Diario La Calle.