María C. Isoba (*)
La agresividad en las calles es moneda corriente entre quienes se mueven en ellas, ya sea como peatones o como conductores. Pero en los últimos tiempos se percibe un incremento de la violencia en las calles y rutas. Una encuesta realizada por Luchemos por la Vida, reveló que un 9% de conductores varones se había trenzado al menos una vez en una lucha corporal por una disputa de tránsito. Investigadores del comportamiento en el tránsito han detectado hasta 15 factores de estrés en la conducción. Los más frecuentes:
1) La inmovilidad física, que favorece la acumulación de la tensión al volante, más aún cuando la circulación no es fluida. 2) En las congestiones de tránsito, el no poder avanzar como se desea. El deseo de escapar de estos límites suele derivan en maniobras riesgosas o agresivas, y a la vez irritantes para otros conductores. 3) Los límites de velocidad o las restricciones de circulación o estacionamiento en ciertas zonas, necesarias para la seguridad vial, molestan a muchos conductores que piensan que no se justifican y tienden a incumplirlas y transgredirlas. 4) El sentimiento de posesión: algunos conductores consideran el espacio de su auto como su territorio. Así, un roce o una aproximación peligrosa puede ser vivido como un ataque o provocación. 5) La dispersión de la atención o atención dividida por la realización de varias tareas a la vez como conducir y hablar o mensajear por celular. 6) La negación de los errores. En los incidentes de tránsito hay una tendencia frecuente a atribuir la culpa más a los otros que a uno mismo y a sentir que las quejas de los demás no se justifican.
El abordaje de los problemas de agresividad y violencia en el tránsito es complejo y multidisciplinario, pero posible. Algunas acciones imprescindibles deben apuntar a mejorar la infraestructura vial. También reducir las velocidades máximas en zonas densamente pobladas. Difundir las normas de tránsito, aplicar controles eficaces y sanciones severas a los transgresores. Por último, educar para una movilidad segura desde la niñez. Educar a los conductores de vehículos con conciencia de la interdependencia en el sistema del tránsito y a detectar, en ellos mismos, las señales de estrés. Educar a todos sobre el valor de las normas para una mejor convivencia en el espacio compartido de la vía pública.
(*) Directora de Luchemos por la Vida Asociación Civil.










