Salud… 200 muertes al año

Gabriel Arcidiacono (*)

Con la llegada del frío suelen reforzarse las campañas para concientizar sobre las intoxicaciones por monóxido de carbono. Sin embargo, las cifras de personas afectadas y fallecimientos por este motivo no ceden en gran medida porque esta problemática aparece «disfrazada» de otra o se subestima. La intoxicación por monóxido de carbono afecta a 40.000 personas por año en la Argentina, de las cuales mueren 200. Las causas se mantienen: el uso de braseros o salamandras para calefaccionar ambientes sin ventilación, y el mal estado de estufas y calefones en los hogares. El monóxido de carbono es difícil de percibir. Es invisible, insípido e inodoro -a diferencia del gas de cocina, no tiene aditivos para que uno detecte su presencia- y, como todo gas, necesita estar en un ambiente cerrado para generar «concentraciones» tóxicas. Es muy liviano, por lo que puede no estar en la misma habitación donde se encuentran las personas afectadas. Lo más peligroso es que este tipo de intoxicación aparece muchas veces «disfrazada». Es decir, si uno no la sospecha, puede mimetizarse con otras enfermedades, tales como un cuadro gripal. También es frecuente confundirla con una intoxicación alimentaria en un grupo de personas que comieron juntas en un mismo ambiente y empiezan con náuseas y vómitos. Las manifestaciones se van agravando al permanecer en el mismo ambiente. El dolor de cabeza es típico. Lo más grave puede ser la pérdida de conocimiento, convulsiones, arritmias cardíacas, coma y muerte. Los más susceptibles a la intoxicación son los bebés, niños, la gente mayor, las personas con enfermedades crónicas y las embarazadas. Los más chicos pueden tener síntomas más graves aún. Hay personas que muestran más síntomas que otras. Por todo ello, resulta clave sospechar que los síntomas se deben al monóxido de carbono, salir del ambiente, sacar a todos los que se encuentran allí, aunque no presenten ningún síntoma, y consultar en los centros de saludo. Hay personas que retiran al familiar con pérdida de conocimiento o convulsiones, notan la mejoría de los síntomas y deciden no consultar, lo cual es un error. Es necesario controlar los aparatos del hogar que consumen algún tipo de combustible, evitar el uso de braseros en lugares cerrados, mantener ventilados los ambientes y, ante la mínima sospecha de intoxicación, consultar en un centro de salud.



(*) Médico, jefe de Toxicología Clínica del Hospital de Clínicas de la UBA.