Yo digo… Yo, Federico Giarrizzo, tengo una sola verdad: y soy inocente

Escribe: Federico Giarrizzo, desde la Unidad Penal N°4 de Concepción del Uruguay

Estoy preso hace 8 meses. Y cuando digo preso, no solo me refiero al encierro en una cárcel. Estoy preso de una justicia despreocupada por buscar la verdad, que transformó la opinión personal de un juez en certeza y prueba.



Se me adjudica ser parte de una banda de narcotráfico. Se sustenta esa acusación en conversaciones con mi hermano, cuyo teléfono estaba intervenido. Quienes intervinieron esas comunicaciones, seleccionaron charlas donde yo utilizaba palabras abstractas como “coso” o “gollete”, o sobrenombres de personas conocidas de la ciudad, como miguelito y pato, o términos de mi trabajo como matambre, para concluir que referían a códigos mafiosos.

Mi casa fue allanada, no se encontró nada, pero dicen que mi rol en la supuesta banda, era ser acopiador. Igual me encarcelaron. Desde entonces, comenzamos una carrera por demostrar mi inocencia. Abogados, familia, amigos, amigos de amigos, muchos se sumaron a mi causa.

Se sumaron porque me conocen, porque saben que puedo tener muchas imperfecciones, pero soy una persona honesta y trabajadora. Que mi único capital son mis amigos y mi familia. Que me ha ido mal muchas veces, pero siempre me levanté con mi trabajo. Que nunca vendería drogas ni participaría de una banda delictiva. Y que, si he tomado decisiones incorrectas en mi vida, como consumir drogas o alcohol, esas decisiones solo me perjudicaron a mí, sin violar leyes ni derechos.

Transparente

No soy una persona oscura, mi vida es transparente. Nací, crecí y vivo en Uruguay. Quien quiera saber qué hacía, de qué vivía, puede entenderlo en una mañana. Hubo policías que recorrieron mi barrio, que hablaron con vecinos y testigos. Nadie pudo decir algo que me comprometiera. Pero el juez de la causa, Pablo Seró, ignoró los relatos y negó mi pedido de prisión domiciliaria. Aclaro, que ni siquiera estoy solicitando mi merecida libertad. Solo pido que, si tienen dudas, sigan investigando, pero me dejen detenido en mi casa, donde tengo mi familia y puedo trabajar.

El juez me escuchó porque declaré, fui sincero, conté mi verdad, sin dejar vacíos. Pero sin justificar por qué, dijo: ni domiciliaria le voy a dar, siga preso, usted no muestra arraigo en la ciudad. Ni siquiera dudó en la posibilidad de mi inocencia. La malinterpretación que hicieron dos jóvenes policías de 26 y 23 años que desgrabaron conversaciones con mi hermano, formaron su opinión y hoy son su certeza.

Apelamos su decisión a Paraná, para que 3 jueces de la provincia evalúen la negación de Seró a mi detención domiciliaria, y que al menos le exijan fundamentar por qué “NO”. En Paraná, uno de los jueces no quiso evaluarla. La segunda jueza me negó la prisión domiciliaria, pero fundamentó su negativa con los elementos allanados en la casa de mi hermano, no en la mía, y cuando sí se refirió al allanamiento en mi casa, usó como evidencia de mi delito que se secuestraron celulares. Osea, tampoco evaluó mi aso. De hacerlo, sabría que los celulares eran de mi pareja, de su hija y de 4 amigas que estaban esa noche. La tercera jueza solo dijo: “apoyo lo dicho por la otra jueza”. Tampoco fundamentó su decisión.

Desinterés

No hay peor cosa para una persona inocente, que te culpen por lo que no hiciste y que todos repitan el mismo relato. Por eso, por iniciativa propia (mi abogada, defensora pública de la ciudad, no quería exponerme a otro rechazo) decidí apelar la negación de mi domiciliaria en Casación, una instancia mayor. Esto es, pedirles a 3 jueces de Buenos Aires que evalúen la decisión de sus colegas. Sin esperanzas, porque muchos especialistas penales le advirtieron a mi familia que raramente cambian un fallo.

Fue así, no me la dieron. Dos jueces votaron NO diciendo que ya tenía 2 fallos negativos. Y como prueba de su desinterés, uno de ellos en vez de fundamentar por qué NO me concede la domiciliaria a mí, fundamentó acerca de un niño llamado Alexis, con problemas en la escuela. Absurdo. ¡No leyó mi causa, ni tampoco lo que él mismo escribió!

Seguramente el juez Seró sentirá satisfacción porque tantos colegas acompañaron su sentencia (¡me rechazaron cinco jueces + él!). Seguramente quien esté leyéndome también dirá: 6 jueces le dijeron que no, Federico debe ser culpable. Hasta yo, por momentos, me pierdo y dudo.

Una luz

Sin embargo, en Buenos Aires también sucedió algo bueno: una de los 3 jueces que evaluó mi prisión domiciliaria, leyó mi caso y decidió a mi favor. Es la primera jueza que lee y concluye con algo que venimos repitiendo ante cada negación: nadie fundamenta por qué No a mi domiciliaria ni analiza mi caso, porque como mínimo, hay sobradas pruebas de mi arraigo. ¿Cuál sería el riesgo de concederme prisión domiciliaria? ¿Por qué me prefieren preso, mantenido por el Estado, a trabajando en mi casa? Pasé de trabajar 14 horas por día incluyendo domingos, a estar 24 horas tirado en una cucheta cuádruple, mirando la cama de arriba.

Estoy en la cárcel, escribo de puño y letra. No tengo más instancias para pedirle a un juez que me crea, o que dude, y me permita seguir detenido, trabajando en mi hogar. Solo me queda esperar, preso, un juicio justo, que en Argentina puede demorar 2 años.

Pero ningún juicio va a devolverme lo que violentamente me arrebataron. Por lo tanto, desde la cárcel, a quienes me condenaron sin evaluar críticamente las pruebas, solo me queda decirles que yo he cometido grandes errores en mi vida, pero mis errores nunca arruinaron la vida de nadie. Sus errores, en cambio, son irreparables. Porque hay lugares de los cuales nunca se vuelve. La cárcel es uno de ellos.