Hojas Sueltas… Debate de ideas

Luis B. García Escritor

Luis B. García

La proliferación de redes sociales agrava, al exhibirla, la nulidad de ciertos “líderes” de opinión, quienes se atribuyen logros que en realidad no tienen y si tuvieran uno sería producto delazar, pero nunca del esfuerzo personal del que se jactan. Congénitamente incapacitados para concebir argumentos, sin embargo, suspiran por bajar línea. A ellos van dirigidas las consideraciones siguientes. Ante todo nada de razonar. En lugar de destruir pruebas, destruir a quien las presenta, y para ello nada como las descalificaciones. Manera infalible de desacreditar al adversario es calificarlo de “fobo”. Digamos que usted está seguro de que la tierra es plana. Al infeliz que sostenga lo contrario se lo puede aniquilar llamándolo “planófobo”. Quien se empeñe en sostener que la tierra es esférica tiene mil argumentos irrefutables. En cambio, si lo hace porque está aquejado de fobia, es víctima de pulsión elemental, es un enfermo: para qué examinar sus argumentos si no es dueño de sus actos. Sobre todo si es mujer. El tercer gran recurso de las mentes primarias es motejar al contrario de “negacionista”. Allá el antipático que tiene todas las razones del mundo para sostener que la tierra es esférica; después de que usted lo llame “negacionista de la tierra plana” estará aplanado. El negacionista es un antipático que no hace más que llevar la contra; se reduce a rechazar una cosa tan fácil de creer sin argumentos como que la tierra es plana. Ya sabemos que basta con que alguien niegue un infundio para que éste sea verdad. Si las estrategias expuestas le parecen muy complicadas, simplemente califique a su adversario de “anti”. Ser sólo “anti” suena malísimo, por horrible que sea aquello a lo que se opone. Por ejemplo, anticuado, antipático, antinazi, anti imperialista. También puede llamarlo utilizando por delante el adjetivo “ultra”. Sobre todo si ese tipo milita las ideas de una mujer. Pero no se le ocurra ni por asomo examinar los argumentos de aquél a quien usted descalifica. Pensar produce cansancio. Eso requiere razonar o investigar. Si por casualidad advierte usted que no tiene razonamientos para apoyar lo que sostiene, recurra al salvavidas del embaucador: “Espero pruebas en contrario”. Probar que el Diablo existe es imposible, pero mucho más difícil es probar que no existe. Siempre es bueno omitir que la carga de la prueba corresponde a quien afirma algo, y no a quien duda.