Por Andrés Asiain
La economía argentina ingresó en un régimen de alta inflación con subas de precios anuales de tres dígitos. Esos aumentos mensuales rondan los seis puntos porcentuales y modifican la toma de decisiones. Quienes reciben ingresos mensuales buscan adelantar gastos evitando la desvalorización de sus ingresos. Los empresarios se stockean de insumos para anticipar su encarecimiento y posibles desabastecimientos. También la negociación salarial en paritarias sufre modificaciones por la necesidad de preservar el poder adquisitivo.
En contextos de alta e incierta inflación, es tan importante la suma de aumentos salariales acordados como la duración del acuerdo hasta la próxima revisión. Es que una aceleración de la suba de los precios como la de 2022, que pasó del 50% a casi el 100%, puede dejar atrás aumentos salariales que a principio de año parecían beneficiosos para los trabajadores de cierto sector. Así, algunos sindicatos con fuerte poder de negociación que cerraron paritarias antes de la aceleración de la suba de precios, con cláusulas de revisión más prolongadas, tuvieron resultados magros en relación a otros que negociaron cuando la aceleración inflacionaria era evidente y acordaron cláusulas de revisión prácticamente mensuales. La velocidad de ajuste del contrato se torna central para definir la suerte del poder adquisitivo del salario en contextos de alta inflación. Mucho más al tener en cuenta que las negociaciones posteriores, si bien pueden actualizar el salario respecto a la evolución de los precios, rara vez compensan las pérdidas de poder adquisitivo que se produjeron durante la transición entre negociación y renegociación. Llevando las cosas al extremo, incluso algunos trabajadores por cuenta propia que no cuentan con sindicato, pueden llegar a tener mayor capacidad de protección de sus ingresos, ya que pueden actualizar sus ingresos en forma diaria. El acortamiento de los acuerdos salariales es una herramienta racional para reducir la incertidumbre. Pero en economía, a contramano de lo que sostiene la escuela ortodoxa dominante, lo que es bueno para cada sector por separado puede dar resultados colectivos que no son óptimos. En este caso, el acortamiento de los contratos amplifica la indexación de la economía y, con ello, la velocidad con que la inflación se acelera frente a algún shock. Ello explica el fuerte impacto que tuvo la suba de precios internacionales por la guerra de Ucrania en Argentina, en relación a otras economías que no venían atravesando un proceso inflacionario previo.










