De enero a marzo, en la Reserva de la Biósfera Ría Celestún, en la península de Yucatán, sucede un espectáculo único en el mundo: en sus aguas se agrupan más de 50.000 flamencos rosados. Científicos, naturalistas y turistas llegan a esta población mexicana de 6.000 habitantes para contemplar a estas aves majestuosas. Pero los habitantes de Celestún tienen una especial simpatía por los menos agraciados pelícanos. Combatidos durante siglos por los pescadores, estos parientes cercanos de los dinosaurios estuvieron a punto desaparecer. Su persecución respondía a la creencia de que los pelícanos competían por los mismos peces que los seres humanos, lo que en los años 50 se demostró falso. Pero entonces, el auge del DDT como insecticida contaminó la cadena trófica, haciendo que la cáscara de sus huevos fuera más delgada. Para los ‘70 casi se habían extinguido y comenzó una campaña de protección que sigue hasta hoy.









