Por David Bueno
El cerebro es el órgano del pensamiento. Es donde se originan y se gestionan todas las capacidades mentales, entre ellas la de aprendizaje, con todos los procesos cognitivos que lleva asociados. Hace 130 años, en un laboratorio de Barcelona, el médico e investigador Santiago Ramon y Cajal dibujó por primera vez las neuronas del cerebro y las conexiones que realizan entre ellas. Se ha avanzado mucho desde entonces, utilizando técnicas no invasivas que permiten ver la actividad de las diferentes zonas del cerebro mientras estamos realizando cualquier acción. Desde una perspectiva neurocientífica, una primera pregunta que debemos hacernos es si el hecho de aprender es una construcción cultural o un instinto biológico. La distinción es importante. Si fuera una construcción cultural, habría que dedicar esfuerzos a enseñar a los alumnos cómo deben aprender. En cambio, si fuera un instinto biológico arraigado en el funcionamiento intrínseco del cerebro, lo que se debería es entender cómo funciona y qué necesidades obedece, para aprovecharlas. También de qué manera todo lo que aprendemos queda fijado en el cerebro para poder sacar el máximo provecho a través de propuestas educativas adecuadas.
La respuesta a esta pregunta retórica está clara: aprender es un instinto biológico inevitable. Qué aprendemos y cómo lo aprendemos tiene componentes culturales, que en buena parte dependen de los currículos y metodologías didácticas que utilicemos. El instinto biológico de aprender nos conmina a adquirir conocimientos del entorno social, con una finalidad específica: anticiparnos a los cambios que se producen e interactuar de la mejor forma. Vivimos en un mundo dinámico e incierto.
Por eso es importante poder anticiparnos a las amenazas, para evitarlas, y también a las oportunidades, para aprovecharlas. Por tanto, un primer aspecto a destacar es que el cerebro prioriza los aprendizajes que percibe que pueden ser necesarios en un futuro, especialmente cuando tienen componentes sociales. En consecuencia, cuando transmitimos conocimientos, es necesario que aprovechemos los aspectos sociales a través de metodologías pedagógicas colaborativas y que lo integremos en la realidad presente y futura de los alumnos.










