El contacto con el Nuevo Mundo desequilibró radicalmente al Viejo. Dos reinos ibéricos detentaron durante casi una centuria el monopolio del saqueo de un hemisferio. Ello le valió a España la posibilidad de unificarse tempranamente y ejercer dos siglos de hegemonía en Europa. Durante ese lapso tanto la Corona española como su botín americano fueron asaltados y despojados sucesivamente por Francia, Inglaterra y Holanda. Esta pugna impidió la unificación de Europa.
Durante el siglo XX se libraron dos Guerras “Mundiales” en las cuales Inglaterra trató de impedir que dicha unidad se lograra bajo la egida de Alemania. Para ello, invocó el apoyo de Estados Unidos y la Unión Soviética, que terminaron repartiéndose áreas de influencia. Se perfiló así una ley del equilibrio según la cual poderes regionales incapaces de unificarse concluyen bajo el dominio de un poder extrarregional.
En forma involuntaria, América Latina tuvo un papel indirecto en la hegemonía española en Europa y en la europea sobre el mundo. Por tanto, ha ejercido decisiva influencia en el equilibrio y el desequilibrio del mundo, los cuales a su vez han ejercido definida influencia sobre nosotros.
Valiéndose de su formidable hegemonía Estados Unidos se involucró en la Guerra Fría contra las potencias socialistas y quebró sus economías obligándolas a una ruinosa carrera armamentista. La disolución de la URSS desintegró el precario equilibrio bipolar establecido desde 1945.
Tal perspectiva de hegemonía absoluta resultó ilusoria. El espectacular crecimiento económico y estratégico de una China libre de las cargas armamentistas de la Guerra Fría a la postre restauró la bipolaridad.
En este mundo complejo América Latina y el Caribe se presentan como una comunidad de 540 millones de seres unidos por una cultura común o comunicable, establecida sobre unos 20 millones de kilómetros cuadrados que albergan los más importantes recursos de energía fósil, agua dulce, biodiversidad, metales estratégicos y tierras cultivables del mundo. Estas circunstancias, deben moverla a lograr su equilibrio unificador y el control de su propio destino como región autónoma. Mercosur, el Alba, Unasur, la Celac surgieron como instrumentos válidos, pero la probada y confesa injerencia de terceros (gobiernos, embajadas, y grupos económicos globales) los sabotearon. Y nuestros líderes regionales contribuyen cada tanto a estos desencuentros.
La crisis es la grieta a través de la cual irrumpe la novedad en el mundo. Quien no aprovecha la oportunidad, no la merece.









