Por Luis Britto García
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Premisa inalterable del mundo unipolar es la destrucción de cualquier rival que amenace la declinante hegemonía de Estados Unidos y sus aliados. Alemania convertida otra vez en la mayor economía de Europa, requiere de la energía fósil de Rusia para mantenerse. A tal fin, es indispensable la culminación del gasoducto submarino Nord Stream 2, que aportará combustible a Alemania e ingresos a Rusia, cuya economía en parte depende de las exportaciones de hidrocarburos.
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Objetivo primordial de Estados Unidos es impedir la instauración y fortalecimiento de esta alianza mutuamente beneficiosa, que haría inútil la ocupación de Europa con bases militares de la OTAN.
Estrategia para ello es reforzar el cerco militar contra Rusia y crear conflictos permanentes en sus fronteras. Instrumento de tal política es Ucrania, antigua República de la Unión Soviética, en la cual la tercera parte de los pobladores es de habla y cultura rusa.
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En 2014 un golpe de Estado inspirado, apoyado y financiado con 5 billones de dólares por Estados Unidos depuso al presidente electo. El gobierno de extrema derecha de Volodímir Zelenski anunció sus planes de unirse a la OTAN, en contravención del acuerdo de 1990 entre Mijail Gorbachov y el Secretario de Estado James Baker, e inició una creciente persecución contra la población de lengua y cultura rusa, acoso testimoniado por reportajes de los medios de comunicación, que pronto se agravó con agresiones, asesinatos y limpieza étnica por parte de fuerzas con ideas e insignias neonazis como el Batallón Azov. Ante estas políticas, las provincias de Crimea, Donetsk y Lugansk declararon su autonomía con respecto al régimen de Kiev.
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Se puso así a Rusia ante la opción de permitir en sus fronteras tanto el exterminio de una numerosa población rusa que había formado parte de la Unión Soviética, como la instauración de un cerco de bases militares de la OTAN en última instancia controladas por el amo de ésta, Estados Unidos. La decisión de Putin facilita a los estadounidenses ahondar la distancia y las tensiones entre Europa y el coloso eslavo, y alejar todo proyecto de cooperación económica. Es la política aconsejada por la RAND, uno de los más importantes “tanques de pensamiento” norteños: “Proveer ayuda letal a Ucrania explotaría el mayor punto de vulnerabilidad externa de Rusia. Pero cualquier incremento en armas y asesoría de Estados Unidos a Ucrania debe ser cuidadosamente calibrado para incrementar a Rusia los costos de su compromiso existente sin provocar un conflicto mucho más amplio en el que Rusia, por su proximidad, tendría significativas ventajas” (https://www.rand.org/content/dam/rand/pubs/research_briefs/RB10000/RB10014/RAND_RB10014.pdf.)
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La campaña mediática y política tiene por finalidad imposibilitar la culminación del Nordstream 2 y en general las relaciones comerciales de Rusia con Alemania y Europa, obligar a éstas a comprar los costosísimos hidrocarburos de fracking estadounidenses y obligarlas a incrementar sus pesadísimos aportes al gasto militar de la OTAN. Para este fin se auspician golpes de Estado, maquinarias bélicas y limpiezas étnicas, y se coloca al mundo ante el espectro de una nueva guerra en la cual, como en todas las anteriores desde hace más de un siglo, se esgrimen infinidad de pretextos pero el objetivo fundamental es el control de la energía fósil que mueve y durante muchas décadas más moverá al planeta.










