Arturo Brooks
Vivimos en una época en la que se nos aconseja que volvamos a la naturaleza, a nuestro pasado lejano, a nuestras dietas originales, a nuestro sentido innato de respeto y obligación comunitaria que hemos ido perdiendo. Pero si nuestra meta es la felicidad duradera o alcanzar la satisfacción personal, seguir nuestros impulsos naturales no nos ayuda a eso. Ese es el engaño cruel de la Madre Naturaleza. La felicidad no ayuda a propagar la especie, por lo que la naturaleza no la selecciona. Si combinás la supervivencia intergeneracional con la felicidad, ese es tu problema, no el de la naturaleza.
De hecho, nuestro estado natural es la insatisfacción, tocada por breves momentos de satisfacción. Puede que no te guste la cinta de correr, la rueda del hámster, pero la Madre Naturaleza cree que es genial. A ella le gusta verte esforzarte por lograr una meta difícil de alcanzar, porque los que luchan obtienen los bienes, incluso si no los disfrutan por mucho tiempo. Más compañeras, mejores compañeras, mejores posibilidades de supervivencia para nuestros hijos: estos antiguos mandatos son responsables de gran parte del código que se ejecuta incesantemente en los rincones más profundos de nuestro cerebro. No importa si has encontrado a tu alma gemela, los algoritmos diseñados para conseguirnos más compañeras/os (o permitirnos hacer una actualización) continúan zumbando, razón por la cual todavía querés ser atractivo para los extraños. El instinto neurobiológico, que experimentamos como insatisfacción, es lo que nos impulsa hacia adelante.
Culpa de la Madre Naturaleza
Hay muchos otros ejemplos de origen evolutivos que militan en contra de la felicidad duradera, por ejemplo, la humillación de los celos en nuestras relaciones románticas (a la Madre Naturaleza, mientras nos invita a hacer trampa, también le gustaría que estemos muy alertas ante la posibilidad de que nuestra pareja pueda estar engañándonos). Los estudios encuentran que los hombres, quienes corren el riesgo de gastar recursos para criar niños que no son suyos (sin saberlo), se obsesionan más con la infidelidad sexual. Las mujeres, quienes corren el riesgo de que su pareja se encariñe con otra mujer y sus hijos, y por lo tanto desvíe sus recursos, responden negativamente a la infidelidad emocional o afectiva, antes que a la propi infidelidad física.
Los objetivos insaciables de adquirir más, triunfar notablemente y ser lo más atractivos posible, nos llevan a objetivarnos (cosificarnos) unos a otros, e incluso a nosotros mismos. Cuando las personas se ven a sí mismas como poco más que sus cuerpos atractivos, sus trabajos o sus cuentas bancarias, esto les genera un gran sufrimiento. Los estudios muestran que la autoobjetivación está asociada con una sensación de invisibilidad y falta de autonomía, y la autoobjetivación física tiene una relación directa con los trastornos alimentarios y la depresión en las mujeres. La autoobjetivación profesional es una tiranía igualmente desagradable. Te convertís en un capataz sin corazón de vos mismo.
No tiene sentido en la vida moderna usar nuestras energías para tener cinco autos, cinco baños o incluso cinco pares de zapatillas, pero simplemente… los queremos. Los neurocientíficos han investigado esto. La dopamina se dispara en respuesta a con solo pensar sobre comprar cosas nuevas, ganar dinero, adquirir más poder o fama, tener nuevas parejas sexuales. El cerebro evolucionó para recompensarnos por los comportamientos que nos mantuvieron con vida y nos hicieron más propensos a transmitir nuestro ADN. Esto puede ser un anacronismo, al menos hasta cierto punto, pero no obstante es un hecho de nuestras vidas.
El cielo puede esperar
¿Por qué parece que no estamos tan bien en la Tierra? El sacerdote católico del siglo XIII Tomás de Aquino respondió a esto en su magistral “Summa Theologiae”. Él definió el problema de la satisfacción como una de las metas mal concebidas: ídolos que nos distraen de Dios, la verdadera fuente de nuestra dicha.
“El deseo de riquezas y de todos los bienes temporales… cuando ya los poseemos, los despreciamos y buscamos otros… La razón de esto es que nos damos cuenta más de su insuficiencia cuando los poseemos: y esto mismo muestra que son imperfectos. Y el bien soberano no consiste en ello”.
En otras palabras, no traen ninguna satisfacción. Puede que Tomás de Aquino no llene un estadio de fanáticos, pero describe la matriz de insatisfacción de la canción de Mick Jagger mucho mejor que el propio rockstar.
(continúa mañana)










