Antonio Serrano (*)
El concepto de “economía bimonetaria” fue usado por primera vez por Cristina Fernández de Kirchner el 27 de diciembre de 2017 en una sesión de la Cámara de Senadores de la Nación, como uno de los principales problemas estructurales de Argentina. De ahí en adelante, lo repitió en casi todas las apariciones públicas con el propósito de ordenar las infinitas discusiones coyunturales que aparecen y desaparecen.
Es imposible abordar rigurosamente los problemas de la economía argentina en el día a día, en cuanto a salarios, inflación, tipo de cambio, escasez de divisas, tasa de interés, deuda interna y externa, estructura desequilibrada productiva, sin entender que el país vive desde hace tiempo un fenómeno estructural como es el del bimonetarismo.
En 2022 el stock de ahorros de argentinos fuera del sistema local, casi todos colocados en el “ColchonBank”, sumaban 258.077 millones de dólares. Equivale a más de 5.000 dólares por habitante, a más de medio PIB, a la inversión de toda la economía de 2 años y medio.
El 70% de la deuda pública son compromisos dolarizados; en Brasil, apenas un 12% de la deuda pública es externa.
En el mercado inmobiliario, los precios se publican en dólares y las transacciones también se realizan en dólares.
Prácticamente la totalidad de los inmuebles que se promocionan en Mercado Libre se ofrecen en dólares. Hasta el mercado del alquiler de inmuebles está dolarizado, en especial para los inmuebles de mayor valor. Un 70% de los inmuebles en alquiler más caros del mercado se ofrecen en dólares en distintas plataformas virtuales, frente a un 5% en el caso de los inmuebles más baratos.
Argentina es el país latinoamericano que tiene la mayor brecha entre el dólar oficial y el dólar paralelo, más de 110 % al finalizar el mes de junio.
Gran parte de los vehículos se comercian en dólares, sin importar su valor. Un 18% de los 2.000 autos más caros que se venden por Mercado Libre se ofrecen directamente en dólares, y un 19% de los 2.000 autos más baratos, también.
Argentina es el único país latinoamericano que es acreedor neto del resto del mundo, y uno de los tres países en desarrollo no petroleros que tiene más activos en el exterior que deudas en el extranjero. En el planeta hay 105 países deudores netos y 35 países acreedores netos, entre estos, Argentina ocupa el puesto 16.
La Reserva Federal (2006) de EE.UU. estimaba que Argentina lideraba el ranking mundial de tenencia de dólares en billete de papel por habitante; de hecho, calculaba unos 4.500 dólares por argentino, una cifra superior a la del propio EE.UU., donde en promedio tenían unos 3.000 por habitante. También estimaba que la tenencia argentina multiplicaba por 50 la de Brasil y Ecuador, y por 10 la de México y Perú. Hoy se estima que los argentinos poseen el 10% de todos los billetes de dólares circulando fuera de EE.UU.
En un año normal, entre 3 y 4 millones de ciudadanos adquieren dólares en el mercado formal. En un año con corridas cambiarias y especulativas, como durante 2019, la cifra puede superar los 5,5 millones de ciudadanos que en ese año compraron casi 4.000 dólares per cápita en promedio. Más de un 1,5 millón de personas más que en los años anteriores.
El indicador “Reservas Internacionales / Deuda externa” de Argentina, que muestra la solvencia para enfrentar con fondos líquidos los compromisos externos, es el más bajo de todos los países de Latinoamérica y del Mundo que tienen moneda propia y no tienen guerras. Sólo Burundi, Mongolia, Laos, Sri Lanka, Zimbabwe y Zambia tienen peores indicadores que Argentina.
Los esfuerzos exportadores del país son persistentemente neutralizados por la salida neta de dólares para remunerar el capital extranjero invertido en el país. En los últimos 16 años, el país tuvo superávits comerciales en 11 períodos, gracias a los cuales pudo acumular un excedente de 94.000 millones de dólares. Sin embargo, esta cifra apenas representa la mitad del déficit de 200.000 millones de dólares que la balanza de rentas de la inversión generó en todos esos años. La cosecha actual de las privatizaciones y extranjerización de la estructura productiva sembradas en el pasado, es que entre un 13% y un 30% de las exportaciones anuales, deben destinarse a pagar el déficit de la balanza de rentas de la inversión. Todo, obviamente, en dólares.
(*) Dr. en Economía Aplicada. Director del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag).










