Yo digo… Moneda común con Brasil (Parte III)

Por Alfredo Serrano y Guillermo Oglietti

En las conversaciones sobre el diseño del nuevo sistema monetario entre Argentina y Brasil se analiza la creación del Banco Central Regional. Debe advertirse, sin embargo, que la creación de esta institución no es una condición necesaria para que exista la nueva moneda y, por el contrario, puede atraer discusiones estériles respecto a su diseño y funciones. Entre las funciones típicas de un banco central destaca la de administrar la política monetaria y el pleno empleo, pero será imposible que pueda cumplir esta función si los países integrantes del acuerdo tienen diferentes estructuras productivas y sus ciclos económicos no están sincronizados. También debe precautelarse la posibilidad de que el Banco Central Regional no adopte la lógica de funcionamiento que habitualmente tienen los bancos centrales, donde los intereses de la banca y las instituciones financieras internacionales están sobrerrepresentados en perjuicio del interés común.



Formato y usabilidad
La moneda común podría adoptar distintas formas. Puede ser sólo dinero electrónico, pero también podría transformarse en dinero físico o incluso, adoptar la forma de criptomoneda gubernamental, lo que permitiría añadirle transparencia y generar más confianza entre los usuarios y, especialmente, entre los países adheridos. Su uso podría estar limitado al comercio regional de bienes, pero podría ampliarse a servicios como el turismo, lo que fomentaría la aceptación popular de la nueva moneda y la sustitución del dólar. Actualmente, los viajes internacionales implican la demanda de dólares que utilizan los turistas para cambiar en el exterior, porque casi sin excepción, son más bajos los costos de utilizar esta divisa que intercambiar las monedas nacionales directamente.

Circulación forzosa
El comercio entre los países integrantes del acuerdo tendría que hacerse forzosamente en la nueva moneda, en lugar de ser una opción a disposición de los exportadores e importadores. A ambos les sería indiferente utilizar el dólar o el nuevo dinero en sus contratos comerciales, porque, los importadores deben pagar sus importaciones en moneda nacional y los exportadores reciben en moneda nacional el equivalente en divisas.
De todos modos, como es difícil esperar que modifiquen el hábito de realizar sus contratos en dólares, es conveniente obligar a las partes a utilizar la nueva moneda y dejar su uso opcional en los casos de transacciones con países no integrantes del acuerdo monetario.

Reserva de valor internacional
Una de las funciones del nuevo dinero regional debería ser la de servir como reserva de valor. En países bimonetarios, como Argentina y Venezuela, donde los ciudadanos incluso emplean el dólar para realizar sus transacciones cotidianas, la nueva moneda podría sustituir al dólar como moneda de reserva. En este caso, tanto la unión monetaria como el país bimonetario serían beneficiados, el primero porque aumentaría la demanda de la nueva divisa y el segundo, porque recoge parte de los ingresos que genera la emisión monetaria.
En particular, las tenencias de dólares en billete de los argentinos acumularían alrededor de U$D 260.000 millones en 2022, cifra equivalente a más de medio PIB argentino.
Que la nueva moneda regional dispute una parte de esta torta de ahorro, se traduciría en beneficios relevantes para la región y la Argentina.

Acuerdos con bancos centrales
Es importante la creación de acuerdos con otros bancos centrales, en especial el Banco Popular de China, país que es el principal socio comercial tanto de Argentina como de Brasil y de la mayoría de los países de la región. Un acuerdo de intercambio de monedas con este país permitiría darle respaldo y demanda internacional a la nueva moneda. De hecho, la existencia de la moneda común y el fondo de reservas, tornaría innecesarios los actuales acuerdos de swaps bilaterales con China y, en cambio, estos swaps podrían centralizarse en el Fondo de Reservas y Estabilidad Macroeconómica, lo que aumentaría la eficacia de estos acuerdos y disminuiría su costo y volumen.

Conclusiones
El proyecto de moneda común está más cerca de la realidad que nunca. El impulso de Brasil y el apoyo de Argentina le da una nueva impronta, tanto a la moneda común, como a una arquitectura financiera regional al servicio del desarrollo y bienestar de la Latinoamérica. Quedan muchas cuestiones por definir respecto de la moneda común y su institucionalidad y, sin duda, habrá discusiones a la hora de elegir entre las alternativas disponibles. Para que ni la nueva moneda ni la nueva arquitectura resultante se transformen en una trampa sin salida en perjuicio de los pueblos, se recomienda que estudien el diseño del FMI, su sistema representativo, sus procesos de decisión, su recetario, y hagan exactamente lo contrario.