Yo digo… La IA y el nuevo colonialismo

Ariel Vercelli

En los últimos años, un número cada vez mayor de investigadores está defendiendo el impacto de la inteligencia artificial (IA) que repite patrones de la época colonial. Afirman que el colonialismo europeo se caracterizó por la toma violenta de tierras, la extracción de recursos y la explotación de personas —por ejemplo, a través de la esclavitud— para el enriquecimiento económico del país conquistador. Decir que la industria de la IA repite estos métodos violentos hoy en día no sería justo de cara a traumas pasados, pero sí que utiliza otros medios más insidiosos para enriquecer a los ricos y poderosos a expensas de los pobres.
En “The Costs of Connection”, uno de los textos de referencia que propuso por primera vez la idea del «colonialismo de datos», se menciona que ciudades como Sevilla, Ganada o Barcelona fueron el origen del colonialismo europeo. Lugares por los que había pasado Cristóbal Colón en sus viajes de ida y vuelta a las Américas y con los que la corona española había transformado el orden mundial.
En Barcelona abundan especialmente restos físicos de este pasado. La ciudad es conocida por su modernismo catalán, por la estética icónica popularizada por Antoni Gaudí, el genio tras la Sagrada Familia. Ese movimiento arquitectónico nació en parte de las inversiones de las familias españolas adineradas que acumulaban riquezas de sus negocios coloniales y canalizaban su patrimonio en lujosas mansiones.
Una de las más famosas, conocida como la Casa Lleó i Morera, fue construida a principios del siglo XX con las ganancias del comercio de azúcar en Puerto Rico. Mientras los turistas de todo el mundo visitan este edificio por su belleza, Puerto Rico todavía sufre de inseguridad alimentaria porque durante mucho tiempo su tierra fértil producía cultivos para los comerciantes españoles en lugar de dar sustento para la población local.

Paralelismos
Mientras contemplaba la elaborada fachada tallada que presenta plantas, criaturas mitológicas y cuatro mujeres que sostienen los cuatro mayores inventos de la época (un foco, un teléfono, un gramófono y una cámara), pude ver los paralelismos entre esta encarnación de la extracción colonial y el desarrollo global de la IA.
La industria de la IA no busca controlar territorios como hacían los conquistadores del Caribe y América Latina, pero el mismo afán de lograr ganancias la impulsa a expandir su alcance. Cuantos más usuarios pueda conseguir una empresa para sus productos, más sujetos podrá tener para sus algoritmos y más recursos (datos) podrá recolectar de sus actividades, de sus movimientos e incluso de sus cuerpos.
Esta industria no sigue explotando mano de obra y esclavizando a gran escala, algo que requirió la propagación de creencias racistas que deshumanizaron a poblaciones enteras. Sin embargo, sí ha desarrollado nuevas formas de explotar mano de obra barata y precaria, a menudo en el Sur Global, mediante ideas implícitas de que esas poblaciones no necesitan salarios dignos y estabilidad económica o se merecen menos.

De Venezuela a Nueva Zelanda
Una nueva investigación titulada “El colonialismo de la IA” del Instituto Tecnológico de Massachusetts, que aparece en formato seriado, profundiza en estos y otros paralelismos entre el desarrollo de la IA y el pasado colonial, analizando comunidades que han cambiado profundamente por la tecnología.
El estudio aborda la situación de Sudáfrica, donde las herramientas de vigilancia de la IA, basadas en extracción de comportamientos y rostros de personas, están consolidando jerarquías raciales y alimentando un apartheid digital.
También toca lo que pasa en Venezuela, donde las empresas encontraron trabajadores desesperados en medio de una crisis económica devastadora, creando un nuevo modelo de explotación laboral. La serie también analiza distintas maneras de alejarse de estas dinámicas.
Del mismo modo, refleja el neo colonialismo que está haciendo pie en Indonesia y Nueva Zelanda. En su conjunto, los reportajes revelan cómo la IA está empobreciendo a las comunidades y los países que no tienen poder sobre su desarrollo, las mismas comunidades y países que ya estaban empobrecidos por los antiguos imperios coloniales. También sugieren cómo la IA podría ser mucho más: una vía para que los históricamente desposeídos reafirmen su cultura, su voz y su derecho a determinar su propio futuro. La serie de artículos busca ampliar la visión del impacto de la IA en la sociedad para comenzar a descubrir cómo las cosas podrían ser diferentes. No es posible hablar de «IA para todos» (retórica de Google), «IA responsable» (retórica de Facebook) o «distribuir ampliamente» sus beneficios (retórica de OpenAI) sin reconocer honestamente los obstáculos en el camino y confrontarlos.