David Bueno
Se ha demostrado que los niños utilizan de forma natural el método científico como una forma de adquirir conocimientos del entorno con los que anticipar situaciones futuras.
El juego exploratorio de los niños es sensible tanto a manipulaciones informativas seleccionadas como a diseñadas, algo típico del método científico. Esto sugiere que, en la medida en que los niños adquieren conocimiento causal a través de la exploración, el cerebro utiliza de forma natural herramientas de razonamiento filosófico, como el silogismo disyuntivo, para interpretar y aprender del entorno a fin de anticipar futuras incertidumbres.
El silogismo disyuntivo es una regla de inferencia válida por la cual, si se nos dice que al menos uno de dos enunciados es verdadero y también que no es el primero, podemos inferir que el cierto es el segundo. Esta capacidad de razonamiento se identificó inicialmente en los niños pequeños que usaban la “tarea de las tazas”, en la cual se les mostraban dos tazas, una vacía y la otra con una recompensa. Los investigadores evaluaron con qué frecuencia, cuando más tarde se les mostraba el recipiente vacío, los niños pequeños iban directamente al que contenía la recompensa, lo que implicaba el uso de la inferencia basada en el silogismo disyuntivo para anticipar una situación incierta del aprendizaje previo. Este experimento, aplicado a niños de 23 meses a 5 años, mostró que los niños de 3 a 5 años utilizaron correctamente el silogismo disyuntivo, mientras que los niños menores de 2,5 años no lo hicieron.
Dinosaurios y flores
Sin embargo, otros experimentos con un diseño más simple muestran que los bebés preverbales pueden usar precursores del razonamiento lógico de manera innata. A unos infantes de 12 a 19 meses se les presentaron escenarios ambiguos sobre la identidad de un objeto, los cuales podían ser resueltos a través de la inferencia derivada del silogismo disyuntivo. Dos títeres, que difieren en forma, textura y color pero con partes superiores idénticas (un dinosaurio y una flor con la misma estructura en forma de penacho en la parte superior) entran en un teatro, un oclusor los oculta, y luego una taza saca uno de ellos por detrás, con sólo la parte superior visible. Así, los infantes no pueden conocer la identidad del objeto recogido y pueden establecer una representación disyuntiva. Luego, el oclusor se mueve hacia abajo, revelando un objeto completo, por ejemplo, el dinosaurio, para que los bebés tengan evidencia con la que desambiguar la identidad del objeto recogido mediante silogismo disyuntivo. Por último, el dinosaurio abandona el escenario. Lo que es crucial en este experimento es que la mitad de las veces el objeto revelado es consistente con la conclusión sugerida por la inferencia lógica (es decir, la flor), pero la otra mitad es inconsistente, y el objeto revelado, que ha sido manipulado por los investigadores, es, sorprendentemente para los participantes, el dinosaurio. Los experimentadores observaron los ojos de los bebés en cada una de estas fases. Tanto los niños de 12 meses como los de 19 meses pasaron más tiempo observando el resultado inconsistente y sus pupilas se dilataron, lo que lleva a pensar que pueden haber inferido la identidad del objeto en el vaso a través de la inferencia lógica y se sorprendieron cuando esta conclusión no fue confirmada.
Decisiones y sinrazones
Estos marcadores oculomotores se parecían a los de los adultos que inspeccionan escenarios similares, lo que sugiere que las estructuras lógicas intuitivas involucradas en la interpretación de escenas pueden ser parte del tejido de la mente humana. En otras palabras, algunas herramientas del razonamiento filosófico, como el silogismo disyuntivo, parecen ser innatas en nuestra especie, lo que implica el uso del método científico para adquirir conocimiento del entorno con el fin de anticipar futuras incertidumbres.
Entonces, dado que la capacidad de aprender del entorno para anticipar futuras incertidumbres se mantiene a lo largo de la vida, y teniendo en cuenta que la adolescencia es un período de extensa reorganización neuronal en el cerebro en el cual se desarrollan procesos cognitivos cruciales como las funciones ejecutivas, la pregunta relevante aquí es por qué estos procesos innatos (pero educativamente aumentables) del razonamiento filosófico y el método científico tienen que quedar apartados en la escuela secundaria, o en qué medida deben ignorarse para favorecer una especialización particular. En otras palabras, ¿cuáles pueden ser las consecuencias para el desarrollo y la maduración del cerebro si una de estas dos formas complementarias de adquirir conocimientos útiles se descarta durante la adolescencia?










