Por David Bueno
Según el “Índice global de emociones” publicado por Gallup, el 40% de los adultos respondió que el día anterior a la encuesta habían notado en algún momento un nivel agudo o muy agudo de estrés. Pero, ¿qué es el estrés y qué efectos tiene sobre el cerebro?
El estrés es una reacción fisiológica del cuerpo y del cerebro ante una situación que percibimos como una posible amenaza, y que, por tanto, podría requerir una respuesta urgente. Energiza la musculatura por si necesitamos huir o defendernos, e incrementa la atención focalizada hacia la situación que percibimos como una posible amenaza. Dicho esto, existen varios aspectos a considerar. Primero, el estrés es un sistema adaptativo que permite afrontar las situaciones comprometidas con mayores garantías de éxito. De hecho, una de las funciones primordiales del cerebro es detectar posibles amenazas, tanto de tipo físico como psicosocial, por anticiparlas. Por tanto, desde esta perspectiva, no debemos considerar el estrés como un elemento perjudicial. Ante una situación que requiera una respuesta de estrés, se activa el llamado eje hipotalámico-pituitario-adrenal (o HPA), que regula la producción de hormonas como la adrenalina y el cortisol. Su función es regular de forma homeostática muchos sistemas corporales, como el cardiovascular, el inmunitario y el nervioso, y también el metabolismo, para facilitar que nos adaptemos al entorno utilizando los recursos de que disponemos de la forma más eficiente posible en cada situación, para optimizar la supervivencia.
Cabezas alteradas
Los sistemas de estrés se activan, como se ha dicho, cuando percibimos una situación que pensamos puede ser una amenaza, pero con independencia de que sea real o imaginada, y también que sea física o psicosocial. Y es ahí donde radican los principales problemas. Para valorar si una situación puede ser una amenaza, el cerebro tiene en cuenta las experiencias vividas y el momento presente y, en función de cuáles sean, los sistemas de estrés se activarán con mayor o menor intensidad. Además, en un entorno social y cultural donde prevalecen las prisas, los sistemas de estrés se activan con mucha más facilidad, dado que ésta es justo su función: activar de manera específica el cuerpo y el cerebro cuando es necesaria una respuesta urgente ante una posible amenaza.
Todo ello hace que el estrés pueda convertirse en un proceso crónico, y que alcance niveles moderados o agudos con mucha facilidad (es el estrés tolerable o tóxico , según el nivel). Se ha visto que el estrés crónico perjudica a muchas funciones fisiológicas, dado que mantiene el cuerpo en un estado de tensión y alerta innecesarios.
El tálamo se focaliza en el origen de la posible amenaza e impide tener una visión completa del conjunto. Y el estriado dificulta que nos motivemos por lo que hacemos, dado que deja de anticipar las posibles recompensas futuras. También afecta a muchas estructuras cerebrales, especialmente al hipocampo.
cognitiva
El hipocampo se encarga de gestionar la memoria y, a través de las experiencias pasadas, contribuye a regular el estado de ánimo. Se ha visto que el estrés tóxico disminuye la conectividad neuronal, lo que perjudica a la memoria y altera los recuerdos pasados. También hace que disminuya la eficiencia de regulación de los estados de ánimo. La amígdala, a su vez, es la estructura que genera las respuestas emocionales. El efecto del estrés tóxico es justo lo opuesto: incrementa la conectividad de las neuronas que forman parte, lo que hace que la persona sea más hiperreactiva emocionalmente y, en consecuencia, más impulsiva. Y, por oposición, menos reflexiva.
En cuanto a la corteza prefrontal, contiene las redes neuronales que gestionan la reflexividad, la capacidad de planificar, decidir basándonos en los razonamientos previos que hayamos hecho y gestionar las emociones. En este caso, el estrés tóxico también disminuye su conectividad neuronal, lo que dificulta la ejecución de estas funciones mentales y acentúa lo que se llama rigidez cognitiva. Es la dificultad o incluso la incapacidad de adaptarnos a los cambios ya las novedades, e implica seguir patrones de pensamiento o conducta predeterminados y constantes, a pesar de los resultados que se obtengan no sean los adecuados.
Por último, hay otro aspecto muy importante a destacar. A pesar de que estas alteraciones debidas al estrés tóxico puedan ser parcialmente reversibles si disminuye la fuente de estrés, cuando el estrés tóxico ocurre en la infancia puede llegar a alterar profundamente la arquitectura del cerebro y hacer que la persona afectada pueda manifestar estos efectos durante toda su vida.










