Yo digo… Clima de tormenta

Luis Britto García

1.
Sobre el cambio climático hay dos escuelas: una lo atribuye a causas naturales, como ocurrió con las eras glaciales de la prehistoria, otra lo refiere a acciones humanas, fundamentalmente a emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, el metano y compuestos de cloro, que dejan pasar la radiación solar de onda corta pero retienen su reflexión calórica de onda larga. Por causa de ellos, se prevé un incremento del promedio de temperatura global de 2° centígrados para 2050, y de 4° para 2100. Aparte de sus graves efectos sobre seres humanos, cultivos y fauna y flora, tal incremento aceleraría el derretimiento de glaciares y casquetes polares, inundando vastísimas áreas costeras.



2.
Cito datos de las emisiones de invernadero desde 1900 hasta 2020. Europa (sin Alemania): 27%. Alemania: 5,7%. Estados Unidos; 25%. Asia (sin China): 13,7%. China: 13,7%. Rusia: 3,2%. India: 3,2%. África: 2,4%. América del Sur: 2,4%. Los resultados son claros: a partir de 1900, los países desarrollados, cuya población no rebasa del 17% de la mundial, han sido emisores masivos del 70% de gases de efecto invernadero, con sus fábricas contaminantes, sus tropeles de autos individuales, sus perennes incineraciones de desechos, su saqueo de recursos naturales del resto del planeta.

3.
Nada más catastrófico que dejar la solución de un problema a quienes lo crearon. En 1988, los primeros ministros Bryan Mulroney, de Canadá, y Margaret Tatcher, del Reino Unido, comprometieron a Estados Unidos, Alemania, Francia e Italia para financiar un “Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático”, en realidad un dispositivo estatal -y no científico- de la Tatcher para destruir los sindicatos británicos de las minas de carbón y sustituir éste por el petróleo del Mar del Norte. Estados Unidos, el mayor contaminador del mundo, ha eludido sistemáticamente sus responsabilidades en la materia: Bush no suscribió el Protocolo de Kioto en 2001, ni Trump el Acuerdo de París en 2017. Hace un año, bajo el peso de los pactos de Joe Biden con el G7 y el G 20, se comprometieron en Glasgow a limitar a 1,5° el calentamiento para 2030. Asistieron a la cumbre en Escocia 197 países, entre ellos la Argentina, cuyos gobiernos firmaron el 30 de octubre de 2021 en la “Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático” ¡emisiones de carbono cero para 2050!
A tal fin, aprobaron un gasto de 150 billones de dólares hasta 2050, de los cuales recibirán los países en vías de desarrollo 0,1. De tal manera, los culpables de la emisión del 70% de los gases de invernadero (sólo el 17% de la población mundial) recibirán el 99,9% de los recursos destinados a corregirla. Sus víctimas (el 83% de los humanos), apenas el 0,1%.

4.
Para pasar de una economía desarrollada de quema sistemática de hidrocarburos a otra basada en energías alternativas sería necesario un cambio social, económico, político y cultural casi imposible dentro del sistema capitalista. Ello supondría ingentes inversiones en arquitecturas con sistemas pasivos de adaptación al clima, energía solar, eólica, geotérmica, de las mareas, con obras titánicas que a su vez requerirían dispendioso gasto energético. Pero también radicales cambios en la cultura de la deforestación masiva, del consumismo, del derroche, de la acumulación individual, del consumo ostensible, de la obsolescencia programada, del dividendo económico como meta suprema, de todos los supuestos del mundo desarrollado.

5.
Analistas internacionales como Thierry Meyssan apuntan que detrás del repentino interés estadounidense por el calentamiento global puede estar la necesidad de reactivar la economía capitalista. Hasta ahora, Estados Unidos había mantenido funcionando su industria con un gasto militar 878.000 millones de dólares, el 40% del dispendio armamentista del planeta. Pero el keynesianismo militar tiene límites. Denuncia Meyssan: “Hoy en día la solución sería la transición energética. O sea, en vez de tratar de vender ‎otro automóvil a alguien que ya tiene uno, habrá que venderle un vehículo eléctrico para ‎reemplazar su automóvil que funciona con nafta. Por supuesto, la electricidad se genera ‎utilizando petróleo y exige el uso de baterías que actualmente no son reciclables. En definitiva, ‎con la transición energética el planeta se verá más contaminado que antes pero… ‎¡ahora no hay que pensar en eso!”‎.
Concluye Meyssan que “los banqueros podrán prestar dinero para ‘salvar el planeta’ y convertirse de paso ‎en dueños de los países cuyos dirigentes hayan confiado en ellos”.
Parecen haber optado por otra solución: azuzar unas guerras que generen tragedias tales que posterguen la atención de la tragedia climática para más tarde.