Yo digo… Alcances y limitaciones del BRICSA

Con la incorporación de Argentina el bloque integracionista suma seis potencias emergentes.

Por Eduardo J. Vior

El comunicado de la cancillería china saludando el ingreso de nuestro país al acuerdo entre las más relevantes potencias medianas convalida la incorporación de Argentina a la primera liga de la política mundial, pero es para celebrar en silencio. En un mundo en guerra los peligros acechan. La defensa de la neutralidad argentina pasa por desfiladeros muy estrechos. Haber añadido una A al BRICS es un enorme logro internacional, pero qué resultados se obtengan de esta adhesión dependerá de la visión, la inteligencia y la astucia de nuestros dirigentes.
Las naciones del BRICS en su conjunto representan el 22% de la superficie terrestre del planeta, el 42% de la población mundial, el 24% del PBI global y contribuyen con el 16% de las exportaciones y el 15% de las importaciones mundiales de bienes y servicios.
La alianza surgió en 2008, cuando Brasil, Rusia, India y China comenzaron a desarrollar enfoques comunes sobre economía internacional. En 2010 se incorporó Sudáfrica y los BRIC pasaron a ser los BRICS.
BRICS no es una asociación comercial ni un organismo de integración económica, sino un bloque de naciones de mediano porte coordinadas para desarrollar entre ellas y con los demás miembros de la comunidad internacional relaciones equitativas y de mutuo reconocimiento. Las principales ventajas que trae la pertenencia al bloque están relacionadas con el comercio y el acceso al mercado, la inversión extranjera directa y, sobre todo, con un mayor poder de negociación y una voz común en los asuntos internacionales.



Impulso renovado
Aunque existe un amplio entusiasmo por la expansión del bloque, la iniciativa se enfrenta a limitaciones prácticas. La primera es la desconexión ideológica entre los actuales miembros del BRICS. Aparte de su peso en las respectivas regiones y tener grandes masas de tierra con poblaciones considerables, no hay mucho más en común. Sus intereses son diversos y a veces chocan.
La segunda limitación práctica a la expansión está relacionada con las finanzas. Sudáfrica, Rusia y Brasil están lidiando con sus propios problemas monetarios internos y externos, por lo que su capacidad financiera es limitada. Es decir que las instituciones que sostienen la alianza deben ser financiadas principalmente por China, lo que puede derivar en un sesgo nacional de la política crediticia del bloque.
Tres factores han renovado recientemente el impulso de esta iniciativa. En primer lugar, la falta de confianza en la conducta de las potencias occidentales en los organismos multilaterales, particularmente en los financieros y comerciales. Los diplomáticos norteamericanos hablan permanentemente sobre la necesidad de que todos los actores internacionales “se ajusten a reglas”, pero eluden definirlas cuando se les pregunta por ellas. En segundo lugar, el comportamiento del Norte durante la pandemia de Covid-19 -especialmente a través del “apartheid de las vacunas”- ha empujado a los países en desarrollo a buscar alianzas más fiables y justas.
En tercer lugar, la estrecha mentalidad de Guerra Fría de Occidente en torno al conflicto entre Rusia y Ucrania ha alienado a las naciones en desarrollo que no quieren elegir un bando u otro.

Ordenar prioridades
Es bueno que Argentina añada al BRICS una A, es bueno que aprovechemos sus posibilidades crediticias. En este mundo, cada vez más confrontativo y caótico, todo parece indicar que la única posibilidad de salir del subdesarrollo y la dependencia es privilegiar aquellas vinculaciones que nos den un mayor margen de maniobra en la toma de decisiones y nos excluyan de cualquier chantaje político para la realización de nuestra proyección exterior y nuestra política interna.
Sin embargo, una cosa es andar a los bandazos y otra es realizar una política internacional pragmática. No todo acuerdo internacional aporta al desarrollo y la soberanía del país; no se puede borrar con el codo lo que se afirmó ayer. Desde comienzos de este año nuestro gobierno tomó varias decisiones internacionales erráticas e innecesarias de las que costará mucho alejarse. El orden de prioridades de las iniciativas de nuestra Cancillería debe ser ampliar el margen de maniobra de Argentina en el mundo, establecer un sólido sistema de alianzas con socios confiables, mantener buenas relaciones con el mayor número posible de países, hacer buenos negocios, atraer inversiones productivas y difundir una imagen positiva de Argentina en el mundo.
Estas prioridades requieren tener una sólida visión sobre el futuro de nuestro país, capacidad de conducción, habilidad táctica y astucia. Sólo cumpliendo estas condiciones podremos aprovechar el haberle agregado una A al BRICS.

(*) Dr. en Ciencia Política
Analista internacional.