Viene al país Palantir, la tecnológica que lucra con la guerra, la deportación masiva y la vigilancia total

Palantir Technologies publicó un manifiesto de 22 puntos en el que propone una «república tecnológica» basada en el «poder duro», aboga por Silicon Valley como actor clave en la guerra y rechaza el pluralismo como «vacío y hueco», mientras sus herramientas son denunciadas por Amnistía Internacional, Naciones Unidas y organizaciones de derechos civiles por facilitar violaciones de derechos humanos, sesgos raciales y la deportación masiva de migrantes. Y su CEO acaba de comprar una propiedad en el país, donde se está alojando actualmente.

El documento, difundido a través de las redes sociales de la compañía, plantea un nuevo orden global en el que la inteligencia artificial dicta la política exterior y militar. «La era atómica está terminando, y una nueva era de disuasión construida sobre inteligencia artificial está a punto de comenzar», proclama el texto, que también pide restablecer el servicio militar obligatorio en Estados Unidos. La empresa, cuyo nombre significa «piedra para ver» en el universo de Tolkien, se convirtió en el ojo digital de la administración Trump.



El lucro con la deportación

Amnistía Internacional denunció que las herramientas de Palantir «constituyen una violación evidente del derecho internacional» y detalló que la plataforma ImmigrationOS fue diseñada para «identificar, buscar y deportar migrantes». La organización ha señalado que estas tecnologías «permiten a las autoridades rastrear rápidamente y tomar como blanco a estudiantes internacionales y otros grupos de personas migrantes marginadas» y generan «un patrón de detenciones ilegales y deportaciones en masa».

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) utiliza al menos tres sistemas de Palantir: ICM, que integra «datos biométricos, historial migratorio, registros criminales y conexiones familiares», ELITE, «básicamente un Google Maps para que el ICE sepa dónde ir a deportar», e ImmigrationOS, desarrollado tras un contrato de 30 millones de dólares.

Los contratos han sido extraordinariamente lucrativos. El Departamento de Seguridad Nacional firmó en febrero un acuerdo de 1.000 millones de dólares con la empresa. En el último año, Palantir incrementó sus ingresos un 36 por ciento, alcanzando los 828 millones de dólares, y su valor bursátil se disparó un 470 por ciento.

El Sahel y América Latina bajo amenaza

Naciones Unidas advirtió que las tecnologías de vigilancia como las que ofrece Palantir «pueden ser utilizadas para violaciones de derechos humanos» en múltiples regiones. En El Salvador, donde el gobierno impuso un régimen de excepción que ya suma más de 80.000 detenciones sin garantías judiciales, la Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho denunció el uso de herramientas de inteligencia artificial —similares a las que Palantir comercializa— para mantener bases de datos de opositores, periodistas y defensores de derechos humanos. En México, organizaciones como Article 19 han documentado el uso de software espía en contextos de criminalización de la protesta social y ataques a la libertad de expresión.

En África, particularmente en países como Níger y Burkina Faso, informes de organizaciones humanitarias documentaron que grupos paramilitares operan «en un contexto de impunidad casi total» que se ve «agravado por tecnologías de vigilancia que permiten identificar y perseguir opositores».

Vigilancia de manifestantes pro-palestina y sesgo racial

La investigación de Amnistía Internacional también advierte que las herramientas de Palantir «entrañan un elevado riesgo de ser utilizadas» contra manifestantes propalestinos. La ONU expresó su «preocupación por el uso de software de vigilancia para monitorear a defensores de derechos humanos».

En el ámbito policial, un estudio de la Universidad de Texas basado en meses de observación del Departamento de Policía de Los Ángeles documentó cómo las herramientas de Palantir «enmascaran el sesgo racial» bajo una aparente objetividad algorítmica. La investigadora documentó cómo «los agentes utilizan los datos para justificar un hostigamiento desproporcionado sobre comunidades afroamericanas y latinas».

El sistema de salud también ha sido instrumentalizado: «datos de salud privados son utilizados para identificar y localizar a inmigrantes indocumentados», según expuso la Electronic Frontier Foundation. «La recolección y aplicación de datos sanitarios en este contexto amenaza la privacidad individual y puede minar la confianza pública en los sistemas de salud», señalaron organizaciones como la ACLU, que agregó que «estas prácticas crean un efecto disuasorio que impide que comunidades vulnerables busquen atención médica».

El cerebro detrás de la distopía

El cofundador Peter Thiel, «el magnate ultra que cree que democracia y libertad son incompatibles», fue uno de los pocos magnates de Silicon Valley que apoyó abiertamente a Trump desde 2016. Su libro «De cero a uno» es un manifiesto del capitalismo monopolista y de la convicción de que «la competencia es para los perdedores».

El director ejecutivo Alex Karp —»el filósofo neoyorquino que dirige el cerebro de los servicios de inteligencia estadounidenses»— plasmó su ideario en «La república tecnológica», donde defiende «el pensamiento crítico como el único sistema inmunológico que puede salvarnos» mientras las herramientas de su empresa son acusadas de «vulnerar las libertades civiles más básicas».

Karp «explica su forma de entender el mundo, presente y futuro. Avisados estamos», señala una columna reciente. El analista Fernando H. Valls advirtió que el manifiesto «plantea despojar al Estado tradicional de poderes para que una empresa decida quién es el enemigo, y actúe. Es un jaque a las formas democráticas que nos hemos dado».

Protestas y resistencia

El rechazo al rol de Palantir no se limita a los informes de derechos humanos. El 1 de abril de 2026, decenas de manifestantes protestaron frente a la sede de la empresa en Washington con una piñata de la Estatua de la Libertad cuya cabeza fue reemplazada por una cámara de vigilancia. «Palantir se está lucrando del sufrimiento de las comunidades», expresó una de las organizadoras.

Los manifestantes leyeron una carta dirigida a Karp y Thiel donde les exigieron «poner fin a todos los contratos que respalden las deportaciones» y advirtieron: «Han decidido que no necesitan la democracia».

El modelo que amenaza la democracia

La convergencia entre el poder estatal y el poder tecnológico configura lo que diversos analistas definen como «tecnofascismo»: corporaciones que, con el argumento de la eficiencia y la seguridad, se arrogan funciones que las constituciones reservan a los Estados democráticos. La «República Tecnológica» que propone Palantir no es una república en sentido político: es un régimen donde el algoritmo dicta quién entra y quién es expulsado, quién es vigilado y quién es bombardeado.

Ekaitz Cancela, periodista y autor de «Utopías digitales: imaginar el fin del capitalismo», lo resumió así: «Las tecnológicas quieren llevarnos a un mundo efectivamente autoritario. La manera de relacionarnos con las administraciones sería a través de las estructuras tecnológicas que estos magnates están desarrollando». Gonzalo León, catedrático emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, agregó: «El problema no es la tecnología, sino caminar hacia un mundo sin reglas».

Peter Thiel, instalado en la Argentina

Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir Technologies, llegó a la Argentina en abril de 2026 junto a su esposo, el exvicepresidente de BlackRock Matt Danzeisen, y sus hijos. Durante su estadía, se instaló en el barrio de Barrio Parque, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde, según fuentes locales, habría completado la compra de una vivienda o, alternativamente, alquilado una propiedad temporal para residir durante su visita.

Según fuentes periodísticas como Infobae, Bloomberg Línea y El Observador, el magnate se alojó en una mansión de este exclusivo enclave porteño, desde donde mantuvo reuniones con funcionarios del gobierno de Javier Milei, como el asesor Santiago Caputo, y con empresarios locales. El alquiler de una propiedad premium en esta zona puede costar entre 10.000 y 15.000 dólares al mes, el precio de la propiedad comprada aún no ha sido revelado.

Además, reportes de Infobae señalan que Thiel «estaría analizando comprar propiedades en el país. En CABA, en el barrio mencionado, por caso, y también en la Patagonia». Esta información coincide con lo señalado por otros medios, que indican que el inversor evalúa oportunidades inmobiliarias tanto en la capital como en el sur argentino.